viernes, 9 de septiembre de 2011

una amiga viene a animarme

Hacía un par de semanas y algo que me había dejado mi novio y me sentía bastante depre. Ya no estábamos bien pero se echaba de menos la compañía. Era sábado y había plan con mis amigas. Mis padres se habían ido y las propuse quedarnos en mi casa, pero dijeron que de eso nada, que a salir y a desfogarse, que luego me quedaría en casa como el finde anterior.
Salí de la ducha y cuando disponía a arreglarme no sabía ni que ponerme, no tenía ganas de maquillarme y decidí llamar a una de ellas y mentir diciendo que no me encontraba bien y que me quedaría en casa. Me puse el primer pijama que pillé, el de tirantes y con el pantalón muy cortito; y me senté en el sofá a ver la tele.
A la media hora llamaron al timbre, abrí y era una de mis amigas con una peli y un helado de chocolate en la mano: “sé que no estás enferma, pero no te voy a obligar a salir. Tampoco voy a dejarte aquí sola deprimiéndote más así que traigo entretenimiento (la peli) y ahoga penas (el helado). Ya nos vale de llorar por los hombres” (a ella la había dejado el novio un mes antes). Yo sonreí, la dí las gracias y la invité a que pasara.
Me dijo que tenía un pijama muy sexi. No di importancia a ese comentario… hasta un poco más tarde. Cogí la peli y la metí en el reproductor de DVD, al hacerlo me agaché y sentí como mi amiga me miraba el culo pero tampoco le dí importancia, pensé que lo miraba para compararse con el suyo, como tantas veces hacía (o así lo interpreté). Ella decía que le encantaba mi culito, que la encantaría tenerlo como el mío (redondito y durito de hacer deporte desde pequeña), pero yo siempre la decía que prefería el suyo, pequeñito pero respingón.
Fui a por un par de cucharas mientras ella iniciaba la peli. Empezamos a comer el helado y por el rabillo del ojo me dí cuenta de que laura me observaba cuando me metía la cuchara en la boca. rozaba mi brazo cada vez que cogía otra cucharada. cuando ya se acababa la tarrina me dijo que lo aprovechaba ella (lo trajo ella así que no dije nada). En ese mismo instante la peli estaba en un momento un poco caliente y, a pesar de lo frío del helado, llevaba chocolate y como hacía bastante que no me daban placer noté que empezaba a excitarme. De repente mi amiga me dio la penúltima cucharada de helado que quedaba. Y sin querer empecé a notar humedad en mi tanga. Laura me preguntó si quería más y yo la dije que si no quería ella que sí, pero se metió la última cucharada en su boca. me dijo que si me había quedado con ganas de más y la contesté afirmativamente con un movimiento den cabeza, sí sin pensar en lo que haría después: me besó, me besó pillándome desprevenida y me metió su lengua. Noté el sabor del chocolate negro que en tantos preliminares había utilizado con mi ex y aunque nunca me fije en mi amiga como para algo más (ni en ninguna chica) dejé que me siguiera besando. Me besaba tan bien… jugaba con mis labios, con mi lengua, con mis dientes… y empezó a acariciarme. Primero en la espalda, luego en mis nalgas y después mis pechos mientras besaba mi cuello. Yo la respondí lamiendo su oreja, su cuello e intentando desabrocharla el sujetador. Cuando lo conseguí me pare, “¿pero qué estamos haciendo?”; “no sé tú pero yo haciendo algo que deseaba hace mucho tiempo”. Me quedé helada, eso no me lo esperaba. Ella aprovechó para bajarme un poco el escote del pijama y empezar a besar mis pezones, lamerlos, morderlos… y yo no pude hacer más que dejarme llevar… hasta mi cama; tenía que reconocer que aquello me estaba gustando y mientras me llevaba a mi habitación no pude no fijarme en su culito respingón. Me desnudó lentamente sin parar de besarme y acariciarme. Yo también la desnudé y me di cuenta de que yo también deseaba ver esos pechos que tanto miraba, pensaba yo que por comparar… pero no… me encantaba esa vista y empecé a acariciarlos y masajearlos, a besarlos y ella gemía. Sus gemidos hacían que yo me pusiera aún más y más. Y me dí cuenta de lo que debía hacer: la pedí que se tumbara y empecé a bajar hasta su ombligo y luego hasta su coñito depiladito. Me dejé llevar pensando en lo que me gustaba a mi y comencé a lamerla su clítoris, primero suave y despacio y luego apreté más fuerte. Noté que se humedecía más y más y me acerqué con mi lengua a la entrada de su vagina mientras con mis manos apretaba sus caderas. Y bajé hasta su clítoris. Con mi masaje en su botoncito del placer y mi lengua dentro de su conejito se corrió, con un gritito que me puso aún más. Esperó diez segundos en los que yo la observaba su bonito cuerpo y me dijo que era mi turno. Me preguntó si tenía vibrador y yo me levanté, lo saqué y se lo dí.
Primero me frotó con él, después me lamió y luego me volvió a frotar. Yo ya estaba gimiendo cuando me metió el vibrador de golpe. Emití un gritito y sigo jugando con mi consolador y mi coñito mientras me acariciaba mi clítoris. Demasiado para mí después de tanto tiempo de sequía y llegue a un orgasmo como pocos en mi vida. Nos miramos y la invité a dormir en mi casa. Me dijo que sí pero con la condición de que fuera en mi cama.
Nunca imaginé que acabaría así con laura, ni con ninguna chica, pero se repitiría…

compartir mesa en una cafetería

Eran las once de la mañana y decidí darme un descanso en mi reparto de curriculums, así que entré en una cafetería. Tuve suerte porque solo había una mesa libre. Me senté y me pedí un café. El camarero fue bastante simpático, como el resto de la gente de la ciudad. Eso hacía no sentirme una extraña y poder adaptarme bien.
En cuanto llegó mi café se sentó una chica a mi lado: “¿podemos compartir mesa? Es que no hay ni una libre, ni tampoco sillas en la barra”. Me sorprendí, eso en mi ciudad no pasa; pero la gente es tan simpática aquí que me pareció que podía ser normal así que la sonreí y le dije que sí.
- cuanto te lo agradezco. La verdad es que con estos tacones prefiero estar sentada.
- Nada, nada. No te preocupes. Además estaba sola.
- Je, je. Perfecto entonces. (camarero! Otro café, por favor). Están buenísimos aquí, preparan deliciosos cafés. Pero los hombres son un poco plastas. Si le llego a pedir un hombre que me deje sentar en su mesa ya me estaría tirando los trastos.
- Jajaja. Sí, algunos son bastante lanzados. Pero oye, ten cuidado, que igual una mujer también puede tirártelos.
- Cierto. Pero pocas veces me ha ocurrido. Siempre me toca dar a mi el primer paso.
Esto último me lo dijo con un guiño y un leve roce en mi mano. Yo no pretendía para nada insinuarle nada con mi comentario. Simplemente pasó por mi cabeza “cuidado guapísima, que también hay lesbianas por el mundo” pero sin segundas intenciones. La verdad es que estaba demasiado cansada para pensar en ligar, pero parecía que se daba la oportunidad. Me quedé un poco ensimismada porque estaba corta de reflejos. Además me hipnotizaron sus labios carnosos.
- perdona, con tu comentario… pensé que… lo siento si te he incomodado ( y se disponía a levantarse)
- eh, no, no. Tranquila. (y la tomé del brazo. Al instante me sonrió, con una sonrisa preciosa, que casi me vuelve a dejar como en la luna). Siéntate mujer. No vas a tomarte ese café de pie.
- Gracias. (y me acarició la pierna. Inmediatamente me entró un escalofrío)
- De nada.
- Entonces no interpreté mal tu comentario (mantenía su mano en mi pierna)
- Eh bueno si.. no…quiero decir
Y otra sonrisa y su mano comenzó a subir ¿qué, qué querías decir?
Me estaba poniendo un pelín nerviosa. Ese bombón y yo con la pinta de andar para arriba y para abajo. Ups… ahí abajo… se está acercando…
- pues bueno, sí soy lesbiana (mientras le agarro de la mano para que no siga), pero la verdad es que no estaba insinuándome
- ¿ah no? (uff, qué sensual es su voz) qué pena, porque creo que eres preciosa. (suelta mi mano y se roza leve y disimuladamente su pecho)
- eh… bueno, gracias jeje (madre mía que ridículo estoy haciendo. Parezco una quinceañera). La verdad es que tú también eres muy guapa. Lo que pasa es que estoy un poco cansada y no había pensado en…
- ¿cansada ya? ¿tan pronto?
- bueno, es que llevo dos horas repartiendo curriculums, he madrugado y no he dormido muy bien. Eso de no dormir en tu cama…
-¿no has dormido en tu cama?
- no, estoy en un hotel. Llegué hace un par de días y estoy buscando trabajo y piso.
-vaya, una mujer de fuera. ¿sabes? Eso me gusta… (y vuelve con el jueguecito del mano llegando a la costura de debajo de mi cremallera del pantalón.)
- eh…
- tranquila, me gustas y te gusto, no me lo puedes negar, ¿cuál es el problema? (y aprieta un pokito, uff, empiezo a excitarme)
- sí me gustas, pero estamos en una cafetería (le digo mientras le vuelvo a agarrar la mano)
- y qué? Aquí cada uno va a su bola y nadie mira lo que los demás hacen. Además estamos en un rinconcito y nadie ve si mi mano se acerca a tu pantalón (en eso tenía razón pero…)
- bueno, pero no me siento cómoda
- ah no? Pues yo muchísimo, me da muchísimo morbo. (esta vez toma mi mano y la apoya en su muslo, bastante visible por su corta falda.)
-mira, me gustas muchísimo pero creo que me voy (cuando intento levantarme me toma por el brazo como yo hice antes)
- espera, no te puedes ir sin pagar. (otra vez tenía razón. Esta vez no pude evitar fijarme en su escote. Es que madre mía, que femenina, preciosa y qué cuerpazo tiene esta chica)
Otra vez me quedo petrificada
- son bonitos ¿verdad? ¿Sabes que vivo justo encima? (aprovechando que estoy de pie me toca mis glúteos, pero bien… y empiezo a sentirme bastante húmeda)
- ah, bien. Interesante (Y me vuelvo a sentar).
- Quieres que subamos?
- No estaría mal.
- Camarero! Cóbrenos, por favor. Ahí le dejo el dinero. Quédese con la vuelta. No me mires así. Te invito ( y me da un leve azotito en mis nalgas)
- Gracias, pero no es necesario
- Sí, lo es. Hoy eres mi invitada.
Me toma de la mano y me lleva hasta su portal. Ahí no puedo evitar poner mi mano en su trasero. Y ella me besa. Nos besamos suavemente… sólo veinte segundos y empezamos a besarnos más apasionadamente, me toma mis pechos. Pero oímos vecinos y nos separamos. Nos metemos en el ascensor. Vive en el piso 14… el viaje da para más besos y que mi mano comprobara debajo de su falda que ella estaba tan caliente como yo.
Llegamos arriba, nos metemos en su casa (muy bien decorada, bastante moderna). Me lleva a su habitación mientras me quita mi camiseta (una cama grande, con un cuadro de dos mujeres desnudas y entrelazadas en el cabecero y todo el dormitorio desprendía un aroma cálido y afrodisíaco, creo que era incienso).
Me tumba en su cama. Pone música, y empieza a desnudarse al son del chil out que acababa de poner, sin parar de mover sus caderas. Estaba a mil, ese cuerpo moviéndose y desnudándose…
- ahora te toca a ti.
y me levanta y me empieza a desnudar sin parar de moverse, haciéndome mover a mi y besándome. Estaba cada vez más y más caliente. Y me vuelve a tumbar. Me empieza a besar los pechos mientras me acaricia el clítoris con sus dedos. Se tumba a mi lado para que haga lo mismo con ella. Noté que estábamos gimiendo, no sabía cuanto tiempo llevámos haciéndolo. Y así tuvimos el primer orgasmo de la mañana.
Nos quedamos como cinco minutos mirándonos, descansando.
Tras ese tiempo en el que no me cansé de admirar cada parte de su cuerpo desnudo me propuso ir a la ducha. Era grande y cabíamos las dos. Encendió el agua y me la echó por todo el cuerpo, luego ella. Echó jabón en su mano y comenzó a enjabonarme la espalda, luego los brazos, después las piernas, esquivando mi vagina y subió por mi vientre hasta los pechos. Y allí se detuvo, masajeándolos. Le tomé de las manos para que parara e hice lo mismo con ella, pero yo tras unos segundos en sus pechos yo si bajé a su bonito coñito depiladito. Ella me imitó. Empezamos a gemir de nuevo y en ese momento paró, tomó mi mano y me aclaró el cuerpo y luego el suyo.
Me volvió a llevar a su cama, me tumbó y empezó a lamerme los labios que tan bien había frotado antes. Fue girando su cuerpo hasta que puso los suyos en mi boca. qué rica sabía, y me alegraba notar lo mucho que la gustaba lo que la hacía, aunque me costara con el placer que me estaba dando ella. La lamí ese clítoris un poco más y pasé a meter mi lengua por su coñito mientras mi dedo no dejaba abandonado su clítoris. En ese mismo instante sus gemidos subieron de volumen y al poco rato llegó a un climax fantástico que inundó mi boca, se estremeció apretó sus piernas en mis hombros, y me dijo, como pudo
- te has ganado un par de noches gratis en mi casa, deja el hotel y vente para acá
- todo lo que quieras, pero con una condición
- cual? Ah! Aún no has acabado, verdad? Perdón por parar, pero es que no pude evitar levantar mi cabeza con lo que me estabas haciendo… qué rico
- No, me importa. Tranquila
- Ya verás…
Y empezó a lamer mi clítoris mientras introducía un dedo en mi vagina y lo movía dentro. Luego otro más y otro más. Y yo no sé si acabé una, dos o más veces pero lo que sí que sé es que fue de los mejores orgasmos que tuve nunca.
- creo que me quedaré encantada.
- me alegro
Y nos abrazamos y nos adentramos en un sueño renovador, para coger fuerzas para el resto del día.

Juegos entre ellas me confunden(7)

De repente, Sara giró el rostro y me vio, clavando sus entreabiertos ojos grises en los míos mientras de entre sus finos labios no podía contener unos preciosos gemidos que anunciaban que se abandonaba al éxtasis que mi hermana le regalaba con su lengua recorriendo su sexo. Sentí que estaba compartiendo ese momento tan bonito conmigo, y me sentí inundada por una ola de calor que congestionó mi rostro y me incitaba cada vez más a acariciarme y tocarme...
Por ello retrocedí hacia la cama quedando de nuevo tras la cortina...me tumbé en ella de medio lado y cerré los ojos mientras me acariciaba imaginándome entre ellas, sin importarme lo más mínimo de quien fueran las manos, los labios, las lenguas....siempre que Sara me observara y fuera yo quien le regalara mi explosión de placer...
Me corrí, fue un orgasmo muy intenso, no me reprimí ni siquiera cuando me percaté de que los murmullos y gemidos de las cuatro diosas del placer a pocos metros de mi habían cesado casi por completo...se escuchó mi respiración agitada y mi ahogado gemido en la almohada...y el saberlo me excitó todavía más, y provocó más intensidad en el placer que me estaba dando...Poco después quedé poco a poco dormida envuelta en sudor..
No sé cuanto tiempo transcurrió, pero desperté tiempo después cuando sentí una suave caricia a lo largo de mi espalda y mis nalgas. Era de quien estaba acostada a mi lado, a mi espalda, así que supuse que sería Eva, mi hermana, por lo que me di la vuelta para comprobar que era Sara.
“¿Te he despertado?, perdona” susurró; “casi no dormía” le contesté; podía sentir su aliento mezclarse con el mío en los escasos centímetros que separaban nuestros labios.
“Así que nos has estado mirando, espero que no te haya resultado desagradable”, me dijo; “Qué va, al contrario...¿y lo hacéis siempre así todas juntas o era para que no lo viera yo?” contesté, al tiempo que me ruborizaba.
Sara sonrió dulcemente “bueno, entre nosotras hay mucha confianza, y hay veces que nos desmadramos un poco y acabamos un poco revueltas...pero lo de hoy era más que nada por ti, por que eres todavía muy pequeña y además no eres lesbi”.
A esas alturas, estaba empezando a pensar que pese a que siempre me habían gustado los chicos, las sensaciones de ese día me confundían, puesto que me había excitado mucho mirando y siendo mirada, y besando a aquella chica que suponía sería Sara, que tenía delante de nuevo, esta vez sin vendas en los ojos, las dos totalmente desnudas...
“¿Te gustó el beso?”, le pregunté; “fue bonito, pero más me hubiera gustado sentirlo a mi” me contestó. En ese momento caí en que si no era ella, tampoco eran ni Nancy ni Mary, puesto que sus labios son mucho más gruesos y lo hubiera notado....¡¡me había besado con mi hermana Eva y casi me corrí del placer¡¡...
“Dios qué vergüenza” acerté a decir; “¿por qué?...nos encantó a todas, y a ella desde luego que también”, fue su respuesta.
“¿Te gusto?”...me lancé a preguntar. “Sí, muchísimo, eres preciosa, me encanta tu piel, tu culito redondo, tus pechos pequeños y redonditos, tus pezones tan sensibles, tus labios tan perfilados, tus ojos oscuros, tu pelo largo y ondulado...si he me he contenido hasta ahora es por lo jovencita que eres todavía, hasta me imagino a todas horas que hacemos el amor las tres”.
“¿Las tres?”, balbuceé; “Sí, Eva, tú y yo” fue su respuesta.
Acto seguido me dio un pico, y con una sonrisa me invitó a que nos durmiéramos, cosa que intenté hacer sin mucho éxito.

Juegos entre ellas me enredan(6)

Yo ya estaba tumbada, con Sara sobre mí de rodillas sobre mis muslos, sintiendo sus manos recorrer mi espalda incidiendo en los puntos más tensos de la misma, noté como Eva se acercaba a ella y le hacía distraerse un instante para recibir un beso algo prolongado a tenor del leve sonido de sus labios al separarse.
“Pues me voy con ellas” le dijo Eva risueña mientras era rodeada por Nancy y Mary como antes lo había sido Eva. Instantes después su cuerpo era masajeado e hidratado por la crema que extendieron sobre él sus 4 morenas y expertas manos..
Yo podía observarlas, al igual que Sara, y era evidente que Nancy y Mary se encontraban cada vez más excitadas con Eva entre ellas, de forma que poco a poco se fueron acercando a ella hasta quedar en medio, sintiendo los pechos de Mary rozar su espalda y los de Nancy los suyos propios hasta el momento en que ambas fundieron sus labios en un dulce e interminable beso...momento en el cual se fue retirando de en medio hasta sentarse junto a nosotras.
“Anda, métete en la cama”, me dijo mi hermana.
Yo accedí, intuía que Sara y Eva querrían quedarse junto a ellas y hacer el amor; y aunque tenía curiosidad por verlas, por otro lado me daba bastante corte la situación y en esos momentos hubiera preferido que hubiera otra habitación en el apartamento para dejarlas solas.
Las dos bellezas de ébano estaban una junto a la otra, desnudas, besándose de forma que se notaba que sus labios pronto recorrerían algo más que sus blancos dientes y carnosos labios...Yo fui a la cama y mi hermana cerró las cortinas sonriéndome y haciéndome un guiño. Poco después la lamparita del salón fue apagada dejando como única luz la ténue que entraba por el ventanal de la terraza abierta..
No sé cuanto tiempo pasó....pero no mucho después comencé a escuchar agitadas respiraciones, cuchicheos, ahogados gemidos...iba reconociendo de quién era la mayoría de ellos. No pude resistirme y me incorporé despacio para que las sábanas y láminas de la cama no hicieran ruido, acercándome a la abertura de la cortina de la cama que la separaba del resto del salón..y mirando a través de ella...
Mary y Nancy se masturbaban mutuamente mientras estaban fundidas en un inacabable beso, sentadas frente a frente, rodeándose las nalgas con sus piernas...se podía apreciar a Sara tumbada al lado de ellas..acariciando la espalda de Mary mientras el rostro de Eva jugaba entre sus piernas y la hacía temblar de placer...
No parecían tener prisa...y no parecían ser conscientes de que eran observadas por mi, como yo no lo era de que si cualquiera de ellas levantara la vista me verían entre la cortina entreabierta mordiéndome los labios llena de deseo, sin saber qué hacer, sin saber qué decir...

Juegos entre ellas me enredan(5)

Cuando volví al salón, encontré a las demás charlando en voz baja, Mary y Sara se acercaban para decirse algo en voz baja soltando una risita al terminar. Era un curioso contraste con la luz ténue el ver a Sara cerca de esas dos chicas de color tan esbeltas.
Yo fui hasta la cama y me tumbé en ella, hacía que pensaba en mis asuntos pero no podía evitar intentar escuchar de qué hablaban y mirar de hurtadillas de vez en cuando mientras se escuchaba el ruido de la ducha que Eva estaba dándose.
Mary, que era la única que había quedado finalmente con su tanguita, se lo quitó dejándolo en su mochila y cogiendo de ella un bote de leche hidratante de esas que se usan para después del sol. Me resultó curioso que ellas también las utilizaran.
Mary se situó detrás de Sara, de forma que esta quedó entre ellas dos, todas sentadas sobre sus rodillas encima del colchón del sofá extendido derramando buenos chorros de crema sobre su espalda y pechos, tras lo cual ambas comenzaron a extenderla por toda la superficie de su torso y hombros.
La luz tenue resaltó de inmediato la ahora brillante piel de Sara, la modelación de sus músculos, la dureza que los pezones de sus pequeños pechos adquirieron de inmediato, y el placer que sentía al ser recorrida su piel por las cuatro manos de sus amigas, que parecían deleitarse masajeando sus nalgas y sus pechos incitadas por los suspiros y los “mmmm..qué biennn”.
Quedé absorta de forma que se me olvidó disimular que las estaba mirando, cosa de lo cual fui consciente cuando Mary dijo algo en voz baja que oyeron las otras dos e inmediatamente me miraron sonrientes.
Sara, mientras seguía siendo masajeada por ellas me dijo: “a ti te haría falta hidratarte también aunque no te hayas llegado a quemar”.
Yo tragué saliva, y no acerté a decir nada, pero Sara prosiguió “túmbate y te doy un masaje y te quito todas las contracturas, ya verás cómo duermes”.
“¿Como ése?” acerté a contestar....Mary rió un poco y dijo: “no, Sara es fisioterapeuta, esto es sólo para relajar y dar placer..”...
En ese momento entró en el salón procedente de la ducha mi hermana, diciendo con una sonrisa: “ya me toca?”....

Juegos entre ellas me enredan (4)

...Llegó un momento en que ella se apartó, me dieron un par de vueltas y tras encender la luz, me quitaron la venda. Jamás me había sentido tan observada, allí estaban ellas, sólo Mary conservaba su tanguita...en esos momentos estaba tan tensa y excitada que no podía pensar con claridad, y tenía que intentar adivinar de quien eran los labios que me habían llevado al borde del éxtasis..
Me dio por decir que era Sara, y todas callaron...pero cuando Mary iba a decir algo, Sara saltó: “me has pillado, no se te escapa una”..al tiempo que me devolvía mi tanguita...
Todas parecían algo turbadas, sobre todo Eva, que tenía agitada la respiración y la tez algo congestionada, con sus pezones muy en punta...delataban su excitación, algo que ambas compartíamos aunque yo en mayor grado que ella.
Como me encontraba muy desinhibida, me atreví a preguntarle: “te ha excitado verla conmigo?”...ella dudó un poco antes de contestar “sí, era muy bonito veros”. Yo le dije gracias al tiempo que me sonrojaba todavía más, y miré a Sara, la cual parecía muy entera y tranquila. Eso me dio por pensar que igual no le había gustado el beso por que yo no sabía hacerlo bien, sobre todo siendo ella una chica tan experimentada y liberal.
Quedábamos empatadas Mary y yo, así que se decidió que la primera de las dos que fallara dejaba a la otra como ganadora, y la ganadora (me olvidé comentarlo) se ahorraba su parte de la cena y cubatas.
Esta vez tuve mala mano, y así terminé “subcampeona”, soltando mis 15 euros que me hubieran venido muy bien ahorrar.
A esas alturas, íbamos todas algo pedo, sobre todo Mary, así que Sara las invitó a que se quedaran a dormir desdoblando el sofa-cama, en el que cabrían justitas las dos. Yo pasaría a la cama grande con Sara y mi hermana Eva, que me dijo: “elige sitio”, yo decidi ponerme a un lado, tras lo cual, Eva se puso en medio originando la broma de Sara “mejor será, que tu hermanita está muy lanzada”. Yo me reí mientras me iba a la ducha, más que nada para masturbarme, cosa que necesitaba hacer tras tantas sensaciones vividas en pocas horas...
Eso hizo que me demorara ocupando la ducha que también querían usar las demás, y cuando estaba en lo mejor, entró mi hermana, lo que me sobresaltó un instante nada más, pues no era la primera vez que me sorprendía así, y yo a ella muchas más en su cama de nuestra habitación. Yo me acariciaba enjabonada con la suavidad del gel, mientras me preguntó: “¿tanto te ha gustado?”...”no sé” acerté a contestar mientras notaba que iba acercándose el momento de un intenso orgasmo....”Sara y yo tenemos muchas ganas, te importará que lo hagamos?”....”no, qué va”...mientras me corría y mis muslos se cerraban con mi mano entre ellos.
No era la primera vez que me corría en su presencia en el último año, pero en aquella ocasión Eva no apartó sus ojos de mi mientras ya comenzaba a enjabonarse. Cuando me disponía a salir, me dio un “pico” y me hizo un guiño sonriente.
Yo le devolví la sonrisa al salir por la puerta...

Juegos entre ellas me enredan (3)

...Se hizo el silencio y Eva se acercó sigilosa....hasta que sus labios entraron en contacto...primero muy levemente, y poco a poco más y más...hasta adivinar cómo sus lenguas jugueteaban entre ellas....Podía advertirse cómo a Nancy se le aceleraba la respiración...y cómo sus pezones se endurecían....Curiosamente, Sara parecía disfrutar con la escena...lo cual me desconcertó en cierta forma.
Nancy adivinó que era Eva, y recuperó su sujetador...
Poco después, yo perdí mi parte de arriba del bikini...ante la mirada de todas ellas Mary me alabó...”bonita, muy bonita”...
Con mala suerte, volví a perder, y escogí desnudarme...mi tanguita resbaló entre mis muslos con algún que otro “guau” por parte de ellas. Eso me produjo cierta sensación placentera...que se trasladó inmediatamente a mis pezones (los cuales tengo muy sensibles y me “delatan” a la menor ocasión).
Sara me dijo: “para no ser lesbi se te nota a gustito”....esta vez la miré a los ojos y le dije “lo estoy”...respuesta que no se esperaba de mi a tenor de cómo tragó saliva y desvió la mirada. Por primera vez me sentí seductora...y la sensación me encantó...
Después fueron cayendo desnudas las demás, tocando algún que otro beso entre ellas (yo tuve buena racha)..
Pero llegó el momento en que acabé con los ojos vendados...cuchicheos, risitas....silencio....mi corazón a 200....y sentí un aliento cálido acercarse a mis labios...
Jamás había sentido un beso....al principio me sentí torpe..pero no pude resistirme a dejarme llevar por las sensaciones...y fue entonces cuando sentí esa conexión maravillosa con la persona con la que sentía que estaba haciendo el amor sólo con el contacto de nuestros labios y nuestras lenguas...me excité, me excité muchísimo....de forma inconsciente se escaparon algunos gemidos de mi boca que eran ahogados por el placer y el fuego húmedo de mi desconocida “amante”...

Juegos entre ellas me enredan (2)

...Se notó que de no estar presente, la cosa hubiera ido a mas, pero se separaron y Eva sacó el aceite solar y empezó a extendérselo por los pechos. Sara miraba los preciosos pechos de Eva brillantes y suaves, con sus pezones ahora duros por el frescor.
Eva me dijo “toma” y echó aceite en mis manos y en las de Sara, y ambas hicimos lo mismo.
Me gustó la sensación, el frescor del aceite solar acentuó mi desnudez, y notaba en las furtivas miradas de Sara el agrado de mirar mi cuerpo desnudo. Descubrí de repente que disfrutaba estando desnuda frente a ella...y ello me hizo sentir mal por mi hermana, pero ella o le daba igual o no se dio cuenta.
Sara y Eva se dieron por la espalda, y luego Eva a mi ante la mirada de Sara, que entre risas dijo: “me está dando morbo miraros”.
Eva le dijo “tía, que somos hermanas” entre risas, a lo que replicó “por eso mismo”, y todas a reir...con un “eres la hostia, pero por eso me vuelves loca” de mi hermana... que se fue al agua dejándonos solas.
Nos tumbamos a tomar el sol y Eva y yo hablamos mientras tanto....me preguntó si me había gustado algún chico y le dije que si, pero que sólo eso. Yo le pregunté si había tenido novio, y para mi sorpresa me dijo que sí, pero que le gustaban mucho más las chicas.
¿Te gusta Eva?, “sí, mucho”, me contestó.
¿Por lo buena que está?...”claro, pero por cómo es”.
De repente me soltó: “¿te importa que vengan dos amigas esta noche y hacemos fiesta en casa?”....yo no pude más que decir....”bueno”...

Llego la noche, y encargamos unas pizzas, para mi sorpresa, sus dos amigas eran Nancy y Mary, dos chicas de color, negritas como el carbón, creo que de padres senegaleses, eran de la edad de mi hermana pero altas, esbeltas y delgadas. Pensé que también serían hermanas pero resultó ser que no, parecían tener entre ellas una relación de “follamigas”, y por lo que hablamos, se jugaban mucho si sus familias musulmanas se enteraban.
Nos hicimos cubatas, y al rato Eva propuso jugar a la baraja las 5, de forma que quien fuera perdiendo una mano dejaría una prenda, quien perdiera dos seguidas debería quedar con los ojos vendados y recibir un beso de cualquiera otra al azar, debiendo adivinar quien es para recuperar una prenda.
A mi, me propusieron que dejara lo del beso, pero ya había bebido un poco (no estaba borracha ni lo estuve) y me animé a decir que me daba igual.
El caso es que las prendas fueron cayendo, y la primera en quedar en tanguita fue Nancy, parecía una escultura de alabastro cuando sonriendo se quitó el sujetador sabiendo que iba a exhibir unos pequeños pero duros y preciosos pechos brillantes por el sudor.
Poco después, cuando las demás estábamos todavía medio vestidas, a Nancy le tocó otra vez perder, y escogió beso, le vendamos los ojos y echamos a suertes quien....de repente tomé consciencia de que podía tocarme a mi, y no sabía que hacer....pero fue a Eva...

Juegos entre ellas me enredan(1)

Acabo de hacer 18 años, soy una chica normal y más bien tímida, y físicamente del montón. No es mi auténtico nombre, pero para aclararos diré que me llamo Ana.
Mi hermana Eva, es 2 años mayor. Siempre hemos tenido una confianza total y nos hemos contado todo, así que hace 5 años en una noche de verano me contó que había conocido una chica y que creía que se estaba enamorando de ella.
Un día me la presentó, era algo mayor (20 años), delgada, fibrada y con algunos tatuajes (luego resultó que tenía bastantes más), estaba claro que era lesbi por su forma de vestir y su ausencia total de maquillaje o pendientes (aunque era muy guapa). Sara era muy distinta a Eva, chica con curvas muy femenina.
Pese a su aspecto duro, resultó ser una chica simpática y maja, y me cayó bien en seguida.
Llegó el verano y un día Eva me dijo que Sara la había invitado a su apartamento de la playa, y que no sabía como decírselo a nuestros padres ya que no sabían nada de ella y mucho menos que salían juntas, sólo que eran amigas.
Así que habían pensado en que fuera con ellas y así no levantarían “sospechas”.
Al final me convenció, cuando un día me insistieron mucho las dos. Además que me encanta la playa y la verdad me divertía mucho con ellas.
Pues llegó el día, bueno, más bien la noche. El sitio era pequeñísimo, un estudio, con una cortina en donde tenía la cama, y todo lleno de cuadros raros pintados por Sara, y la verdad, bastante cutres.
El calor era terrible, y nada más llegar Sara se desnudó y corrió a la ducha seguida por Eva. Se oían sus risas y cuchicheos, y al poco salieron las dos desnudas y casi sin secarse.
Sara me dijo: anda y refréscate, si te molesta que esté desnuda puedo ponerme algo.
Yo le contesté que no, que no me molestaba, y me di una ducha, me sequé y me puse una camiseta larga.
Me llamaba la atención el cuerpo tatuado de Sara, brazo y hombro derechos y un tribal al final de la espalda. Era todo fibra, se le notaba una fanática del deporte.
Sara me dió a elegir, o dormíamos las 3 en la cama o yo en el sofá. Elegí sofá.
Se me hacía raro ver cómo Eva se metía en la cama con una tía y me sentía rara, como que sobraba, pero ellas intentaban que no fuera así colmándome de atenciones en todo momento.
El caso es que simplemente se acostaron y Sara comenzó a roncar. Al final, cansada por el viaje, acabé durmiendo.
A la mañana siguiente, me despertaron para ir a la playa. Me puse el bikini y al verme Sara me echó un piropo que me enrojeció, y provocó las risas de ellas y mía también.
Al llegar, Sara en bici y mi hermana y yo en el ciclomotor de Sara, nos dimos una buena caminata entre dunas, era muy temprano y entre las dunas acampamos, ponemos las toallas y ellas se desnudan.
Vamos, anímate, me dijo Eva, y riendo se acerca a mi, y las dos comienzan a hacerme cosquillas mientras me quitan el bikini. Yo entre risas me defiendo, pero me dejo y quedo desnuda como ellas.
¿Has visto qué hermana más bonita tengo?...ya lo veo...dijo Sara sonriendo al verme roja como un tomate, “pero si te molesta intentaré no mirarte”...
Nunca nadie me había alabado mi físico, casi no tenía pechos todavía y vivía preocupada por que al final no me “salieran”, sobre todo viendo a mi hermana. Eso me produjo una rara sensación entre corte y satisfacción; así que le dije: “no me molesta, de verdad”..y me guiñó un ojo....Eva se hizo la ofendida y en seguida se rieron y acabaron abrazadas...entonces las vi darse un beso alucinante...la imagen de ellas desnudas era turbadora.

sábado, 27 de agosto de 2011

Ana y Sara

Sara me llamo al celular pues ya estaba en la calle pero no sabia bien como llegar me puse una bata ya salí a abrirle ella es mas grande de lo que pensé mide como 1.85 y realmente si ella pesaba mucho mas que yo como unos 100 Kg. venia con un vestido de una sola pieza con medias negras y zapatos de tacón, nos saludamos cariñosamente con un beso en la boca y me dijo que le gustaba mi voy y nos dirigimos a mi departamento ella traía consigo una bolsa de la farmacia entramos se sentó en la sala y cuando me iba yo a sentar me dijo no mi niña tu no estas para sentarte sino para calentarme así que pasáate frente a mi solo déjame ayudare con esa bata despojándome de ella quede totalmente desnuda frente a ella una vez mas pero ahora frente a frente y solo me dijo tienes un cuerpo muy cachondo y bueno para tu edad, mientras ella estaba sentada viéndome me pedía que caminara frente a ella yo solo la obedecí, acércate me dijo y puso su nariz en mi vello púbico y me dijo hueles rico, pocas son las mujeres que les huele bien y has de saber rico pero estos pelos te loa vamos a arreglar, a ver híncate y así lo hice me beso, un beso muy loco a lengua metida mientras que con su mano tomaba mis nalgas y las abría y las cerraba, se separo y me empezo a besar y acariciar los pechos y dijo a que con la zorrita tiene los pezones duros y de repente puso una mano en mi entrepierna y descubrió que toda estaba mojada así que me dijo parate y voltéate, me pare girando quedando de espalda y me dijo ahora si mami agáchate y abre las piernas y así lo hice mientras sentía como su cabeza entraba por atrás de mi poniendo su lengua en mi labios y dijo estos pelos ya me estan cansando empezo a meter sus dedos dentro de mi haciéndome gemir y volvió a decir eso mami tus gemidos me calientan y continuo besándome y lamiendo sin dejar de meter sistematicamente sus dedos haciéndome boquear se separo un poco de mi y busco la bolsa d la farmacia que traía y saco una pomada se la puso en la otra mano y me la embarro en el trasero y sin dejar de penetrarme con los dedos empezo m a acariciar mi ano con movimientos circulares y de repente empezo a meter la primera falange de su dedo medio provocandome entre dolor y placer algo inexplicable, saco sus dedos de mi vagina y se acerco a mi metiendomelos en la boca y dijo lamelos para que sepas lo rico que sabes saco de repente su dedo de mi ano e hizo que me ardiera y dijo necesito una toalla y una bandeja y unas mascadas la lleve al baño a tomar la bandeja y la toalla y en mi recamara tomo las mascadas y volvió a decirme donde guardas en arnés se lo enseñe y me dijo déjalo en la cama después lo necesitaremos a la bandeja le puso agua y la llevo al comedor y sobre una silla la puso y me pido que me subiera a la mesa, tomo mis manos y las amarro con un mascada y con otras dos las junto y jalo hacia atrás las manos y amarrándolas esta a las patas de la mesa impidiéndome usara las manos me pido que separara las piernas y dijo ahora si Anna despídete de estos pelos tan latosos y se dedico a contarlos y cuando menos me lo espere m mientras me untaba un poco de crema de rasurar que había traído, senti como con mi rastrillo me rasuraba teniendo cuidado de no cortarme, me pidió que me moviera hacia una costado para terminar de cortar los vellos de la parte de mi vagina y ano, así en un momento estaba yo totalmente rasurada y libre de todo vello, esta acción tambien hizo que me excitara u no pude disimilar lo que salir de mi, ella lo noto y dijo hay mami ye estas para mi verdad, ya me estas esperando bueno mami pues prepárate por que no que viene de nuevo no lo vas a olvidar jamás, me unto un poco de crema para suavizar un poco mas la parte rasurada y con sus dedos empezo a meterlos sin olvidar esa parte tan importante como es mi clítoris el cual empezando a lamer sin dejar a un lado esa penetración digital tan ardua que hizo que me mojara mas me dio tres orgasmos muy intensos, nunca me habían hecho sentir algo tan grande fue delicioso saco sus dedos ye se levantó me dijo mami permíteme un momento no te muevas regreso con una sorpresa levante la cabeza y vi cuando regresaba se había quitado el vestido y venia con un precioso coordinado de medias, slip y tanga, se había quitado el brasier y traía puesto el arnés acerco a mi y tomando el pene lo fue introduciendo en mi vagina y con un movimiento me dio una cogida muy buena estuvimos así una rato se salió y me dijo date la vuelta pero como tenia yo amaradas las manos ella no me pudo penetrar en esa posición así que me desato las manos e hizo que me bajara de la mesa, se coloco detrás de mi e hizo que me recargara sobre el respaldo del sillón me abrió las piensas y me empezo de nuevo a meter el penetrándome por las caderas para darme mas duro, a mí me encanta eso así que la deje continuar no son antes gemir como loca y gritando, me pidió en varias ocasiones despacio si no nos van a oir los vecinos, entonces tomo mi tanga que estaba a un costado de l sillón y me dijo muerde esto y no hagas mas escándalo así de esta posición con su mano derecha aparte de tomarme por las nalgas o la cintura empezo a sobar mi culo, cuando de repente senti como algo humedo caía en mi culo, ella puso saliva en el y su dedo pulgar fue introduciéndose muy poco y me dijo mujer que cerrado esta la próxima vez te lo tendremos que ensanchar y después de un gran numero de orgasmo vino el relax y me pido vernos en otra ocasión. Así que se separo se vistió y así como llego se fue, me fui directamente al baño y darme una ducha y verme todo rasurada , me siento rara así me la experiencia fue barbara, espero volver a tener un free tan rico como este.

Semana santa en los roques

Hola, me llamo Alyssa, tengo 20 años y voy a contar la relación esporádica que tuve con una chica que no conocía de nada.
Un día del mes pasado (julio), estaba con unos amigos, en Benidorm, en una de las discotecas bailando y bebiendo.

Les dije que me esperaran que iba a ir al aseo un momento, que no se moviesen de allí.
Fui al aseo, para mi sorpresa estaba vacío (jamas lo había visto con menos de 3 o 4 metros de cola), y entré.

Me puse a mirar para ver cual estaba limpio para entrar, y al asomarme a uno, vi a una chica preciosa, morena de ojos claros, y morenita de piel, de unos 22 o 23 años haciéndose un dedo.

Me quede de piedra, y me subí con mis amigos otra vez a seguir bebiendo y bailando.
Pero pasada como media hora, decido bajar otra vez, no sabia muy bien por qué, porque hasta ese momento no creía ser lesbiana, pero el caso es que bajé al aseo y entré.

La chica estaba allí, y me dijo:

— Hola, te estaba esperando…
— ¿A mi? — Dije yo
— Si, sabia que volverías a bajar.

Le dije la verdad, que no sabia ni porque había bajado, que supongo que sería curiosidad.
Me dijo si la acompañaba un momento a su casa, que vivía cerca, en unos apartamentos a 5 minutos de allí, dije que si, y salimos hacia allá.
Por el camino no dijimos palabra.

Cuando llegamos a su casa, me dijo que si yo era lesbiana, le contesté que creía que no, pero que desde que la vi en el aseo, no estaba segura.
Nada mas decir esto, me besó, y fue un beso dulce y apasionado, el mas apasionado que jamas me habían dado.

Me besó el cuello, la cara, los labios, me quitó la camisa, y me besó los pechos, los chupó, los lamió, los rozó, los acarició, me dijo que eran los pechos mas bonitos que había visto nunca.Cuando termino con mi tetas, me tumbó en el sofá, me quito el pantalón, me bajó las braguitas y empezó a acariciarme el coño, tan suavemente q me estremecía aun mas.

Después empezó a lamérmelo, a chuparlo, yo estaba que me retorcía de gusto, me encantaba aquello, ningún chico me había comido tan bien como aquella chica preciosa.

Me siguió chupando el coño, y me dijo:

— Cuando te falte poquito para correrte me avisas.
— Vale

Cuando note q me llegaba el orgasmo, la avisé y ella paro en seco de chuparme.

Le dije: ¿que pasa?

Me contesto que no era nada, que me tumbase.

Cogió un consolador y empezó a pasarme la punta por mi coño, y a la vez volvió a lamerme las tetas, al final no puede mas, y le dije:

— Por favor cielo, no me hagas esperar mas, ¡métemelo yaaaaa!

No se hizo esperar mas, me besó en los labios, y me metió el consolador lentamente, muy, muy despacito, muy suave.

Poco a poco empezó a moverlo mas rápido, cada vez mas y mas rápido a la vez que besaba mis pezones de punta.

Al cabo de un ratito, le dije “que llega”, y ella aparto el consolador y empezó a lamerme el coño, quería q me corriese en su boca y así paso, me corrí en su boca y eso me encantó.

Me quede alucinada, no sabía que hacer ni que decir, hasta hacia a penas una hora no tenia ni idea de que me atrayeran las mujeres, y ya acababa de tener un orgasmo maravilloso.

Cuando por fin pude reaccionar, me levanté y la besé, estuvimos besándonos mucho tiempo, jamas nadie me había besado así, tan dulcemente, estaba increíblemente enganchada por esa mujer… y ella de mi.

Me levanté cuando quede saciada de su boca y le acaricié el coño, estaba muy húmedo, estaba muy excitada, y por la curiosidad y porque me gustaba esa chica, empece a lamérselo, despacito, pues no lo había hecho nunca, era la 1 vez que lo hacia con una mujer.

Estuve largo rato así chupándole, metiéndole la lengua todo lo que podía.

Pare y le dije:

— Dame el consolador.
— No. Te voy a dar uno mejor que este.

Me dio un consolador que iba atado a la cintura, me até las correas, y muy despacito, empecé a metérselo, pero ella gritó:

— ¡¡¡Métemelo hasta el fondo!!!.

Y eso hice, empujé el consolador atado a mi cintura y se lo hinqué hasta el fondo, y empecé a moverme como una loca, metiéndoselo y sacándoselo, muy rápido, y cuando vi en su cara que iba a correrse hice lo mismo que ella hizo conmigo, puse la boca para que se corriese con mi legua, y así lo hizo.
Nos quedamos las 2 tumbadas en el sofá, llamé a mis amigos diciendo que estaba bien y que se fuesen sin mi, y nos quedamos toda la noche abrazadas y besándonos, acariciándonos el pelo, y le dije:

— Creo que me has aclarado que si soy lesbiana. Por cierto… ¿como te llamas?
— Olga ¿y tu?
— Alyssa.
— Que nombre tan bonito, me gusta igual que me gustas tu.

Al día siguiente me levanté, la besé, y me fui a mi casa.
Ella vive en Benidorm y de vez en cuando quedamos para vernos y disfrutar mas veces de la experiencia sexual mas maravillosa e inesperada de mi vida.

Un beso amigos

viernes, 26 de agosto de 2011

Descubri que rea lesbiana una noche...

Hola, me llamo Alyssa, tengo 20 años y voy a contar la relación esporádica que tuve con una chica que no conocía de nada.
Un día del mes pasado (julio), estaba con unos amigos, en Benidorm, en una de las discotecas bailando y bebiendo.

Les dije que me esperaran que iba a ir al aseo un momento, que no se moviesen de allí.
Fui al aseo, para mi sorpresa estaba vacío (jamas lo había visto con menos de 3 o 4 metros de cola), y entré.

Me puse a mirar para ver cual estaba limpio para entrar, y al asomarme a uno, vi a una chica preciosa, morena de ojos claros, y morenita de piel, de unos 22 o 23 años haciéndose un dedo.

Me quede de piedra, y me subí con mis amigos otra vez a seguir bebiendo y bailando.
Pero pasada como media hora, decido bajar otra vez, no sabia muy bien por qué, porque hasta ese momento no creía ser lesbiana, pero el caso es que bajé al aseo y entré.

La chica estaba allí, y me dijo:

— Hola, te estaba esperando…
— ¿A mi? — Dije yo
— Si, sabia que volverías a bajar.

Le dije la verdad, que no sabia ni porque había bajado, que supongo que sería curiosidad.
Me dijo si la acompañaba un momento a su casa, que vivía cerca, en unos apartamentos a 5 minutos de allí, dije que si, y salimos hacia allá.
Por el camino no dijimos palabra.

Cuando llegamos a su casa, me dijo que si yo era lesbiana, le contesté que creía que no, pero que desde que la vi en el aseo, no estaba segura.
Nada mas decir esto, me besó, y fue un beso dulce y apasionado, el mas apasionado que jamas me habían dado.

Me besó el cuello, la cara, los labios, me quitó la camisa, y me besó los pechos, los chupó, los lamió, los rozó, los acarició, me dijo que eran los pechos mas bonitos que había visto nunca.Cuando termino con mi tetas, me tumbó en el sofá, me quito el pantalón, me bajó las braguitas y empezó a acariciarme el coño, tan suavemente q me estremecía aun mas.

Después empezó a lamérmelo, a chuparlo, yo estaba que me retorcía de gusto, me encantaba aquello, ningún chico me había comido tan bien como aquella chica preciosa.

Me siguió chupando el coño, y me dijo:

— Cuando te falte poquito para correrte me avisas.
— Vale

Cuando note q me llegaba el orgasmo, la avisé y ella paro en seco de chuparme.

Le dije: ¿que pasa?

Me contesto que no era nada, que me tumbase.

Cogió un consolador y empezó a pasarme la punta por mi coño, y a la vez volvió a lamerme las tetas, al final no puede mas, y le dije:

— Por favor cielo, no me hagas esperar mas, ¡métemelo yaaaaa!

No se hizo esperar mas, me besó en los labios, y me metió el consolador lentamente, muy, muy despacito, muy suave.

Poco a poco empezó a moverlo mas rápido, cada vez mas y mas rápido a la vez que besaba mis pezones de punta.

Al cabo de un ratito, le dije “que llega”, y ella aparto el consolador y empezó a lamerme el coño, quería q me corriese en su boca y así paso, me corrí en su boca y eso me encantó.

Me quede alucinada, no sabía que hacer ni que decir, hasta hacia a penas una hora no tenia ni idea de que me atrayeran las mujeres, y ya acababa de tener un orgasmo maravilloso.

Cuando por fin pude reaccionar, me levanté y la besé, estuvimos besándonos mucho tiempo, jamas nadie me había besado así, tan dulcemente, estaba increíblemente enganchada por esa mujer… y ella de mi.

Me levanté cuando quede saciada de su boca y le acaricié el coño, estaba muy húmedo, estaba muy excitada, y por la curiosidad y porque me gustaba esa chica, empece a lamérselo, despacito, pues no lo había hecho nunca, era la 1 vez que lo hacia con una mujer.

Estuve largo rato así chupándole, metiéndole la lengua todo lo que podía.

Pare y le dije:

— Dame el consolador.
— No. Te voy a dar uno mejor que este.

Me dio un consolador que iba atado a la cintura, me até las correas, y muy despacito, empecé a metérselo, pero ella gritó:

— ¡¡¡Métemelo hasta el fondo!!!.

Y eso hice, empujé el consolador atado a mi cintura y se lo hinqué hasta el fondo, y empecé a moverme como una loca, metiéndoselo y sacándoselo, muy rápido, y cuando vi en su cara que iba a correrse hice lo mismo que ella hizo conmigo, puse la boca para que se corriese con mi legua, y así lo hizo.
Nos quedamos las 2 tumbadas en el sofá, llamé a mis amigos diciendo que estaba bien y que se fuesen sin mi, y nos quedamos toda la noche abrazadas y besándonos, acariciándonos el pelo, y le dije:

— Creo que me has aclarado que si soy lesbiana. Por cierto… ¿como te llamas?
— Olga ¿y tu?
— Alyssa.
— Que nombre tan bonito, me gusta igual que me gustas tu.

Al día siguiente me levanté, la besé, y me fui a mi casa.
Ella vive en Benidorm y de vez en cuando quedamos para vernos y disfrutar mas veces de la experiencia sexual mas maravillosa e inesperada de mi vida.

Dama de compañía....

Me había separado y decidí contratar una mujer para los quehaceres domésticos y que además me hiciese compañía en mi soledad.

Puse un aviso en el diario y recibí a varias postulantes. La quería sin compromiso y con cama adentro. La paga era buena y en realidad el trabajo era llevadero. Yo estaba ocho horas en la oficina y disponía de todo el tiempo para mantener la casa limpia y cocinar a mi regreso. Dos mujeres solas y ordenada como era yo no le proporcionaba mayor trabajo.

Me decidí por una morocha de pelo renegrido, ojos oscuros de mirada chispeante, y cuerpo armonioso. Me pareció inteligente y de muy buen humor. Me gustó de entrada y había algo en ella que me atraía. Tenía una voz sensual y me insinuó que era experta en masajes de distintos tipos y si quería podía comprobarlo. Había sido masajista en su ciudad natal en Santiago del Estero, hasta que decidió trasladarse a Buenos Aires a probar fortuna. Todo su cuerpo irradiaba sensualidad. Me explicó que mi propuesta le convenía pues tendría albergue y si no me oponía sin descuidar sus obligaciones podría tomar algunas clientas para redondear su mensualidad. Me pareció correcto y acepté, no sin hacerle saber que primero estaban sus obligaciones y mis órdenes.

Con una sonrisa me dijo que le encantaría ser sometida a mis deseos por más caprichosos que fueran. Sus palabras me intrigaron y sin saber porqué me excitaron.

Ya instalada en casa, la relación entre las dos marchó sobre rieles. Estaba atenta a todas las cosas de la casa. Me preparaba el baño para cuando llegaba del trabajo. La comida estaba lista y cuidaba de mi dieta. No tenía quejas. Pasamos a ser compinches y confidentes. Veía a Lucía, más como una amiga que como a una empleada a pesar de que conservaba su lugar y me esperaba con el uniforme impecable para disponerse a complacerme y atenderme como una geisha.

Me sentía contenida y sentí que la relación se hacía cada día más placentera e intensa, mucho más que la que viví con mi ex esposo. Me comprendía y me prodigaba ternura en cada uno de sus actos. Me planteé cual era mi sentimiento hacia ella. ¿Era normal, y echaba por tierra mis prejuicios sobre el amor por una mujer?. No me atrevía a expresárselo hasta que Lucía allanó mis dudas y pensamientos.

Una noche mientras tomaba un baño de inmersión, y con los ojos cerrados fantaseaba con una relación sexual acariciándome la vulva, Lucía se acercó por detrás sin que me percatase de su presencia y sin decir una palabra, comenzó a masajear mi cuello y mis hombros. Dí un respingo, y cuando me iba a incorporar, llevó el dedo índice a su boca y me pidió que continuase. “Es normal”. “Disfruta y goza”. “Me deseas igual que yo a ti”.

Me deje llevar por su voz y mis instintos. Estaba hermosa con su lencería erótica que resaltaba sus formas firmes y generosas. Sus manos se posaron en mis senos voluminosos y besó mis pezones oscuros y lánguidos que se endurecieron a medida que los lamía y mordisqueaba. Me incorporé y en la medida que descubría sus tétas, le susurré que era la primera vez que amaba a una mujer. La llené de besos y caricias. Su piel tersa y suave me fascinaba. Le pedí que me enseñara a darle placer. “Ya me lo estás dando”. “Marta, yo también te amo y te deseo”, me dijo en un hilo de voz. “Aprenderemos juntas”.

Me secó con una delicadeza única y luego tomadas de la mano nos dirigimos al dormitorio. Todo era sensualidad y erotismo.

Lucía se desnudó totalmente mientras yo dejé caer la salida de baño al suelo. Nos abrazamos y sentí la calidez de su cuerpo que se apretó al mío. Jugamos con nuestros senos acariciándonos con nuestros pezones que descargaron sobre mi cuerpo oleadas de electricidad que me sumieron en un estado de excitación inimaginable. Nuestras lenguas se fundieron en un intercambio de saliva proponiendo más. Nos dejamos caer en la cama y mis manos no dejaron de acariciarla y explorar sus zonas erógenas. Lucía hizo lo mismo conmigo. Su boca se ocupó de mis senos y mientras yo cerré mis ojos en un estado de éxtasis y me dejé llevar aflojando mi cuerpo, Lucía deslizó su boca y su lengua hasta detenerse en mi ombligo. De allí continuó bajando. Abrí mis piernas invitándola a ocuparse de mi vulva sedienta de amor. Fue su lengua cálida que me embriagó e hizo que fluyeran de mi interior oleadas de pringosos jugos que se ocupó de sorber. Mi clítoris recibió un sabio tratamiento con las chupadas y mordisco de Lucía hasta que un espasmo de mi vientre y un endurecimiento de mis piernas preanunciaron un orgasmo maravilloso. Fue fantástico, había gozado como nunca antes. Una experiencia diferente que me iniciaba en una vida sexual que por lo placentera nunca imaginé.

No me quedé allí y entonces fui yo la que me ocupé de Lucía. Repetí una a una las caricias y los besos que ella me había proporcionado. Las expresiones de placer, los jadeos y gemidos me demostraron que Lucía gozaba intensamente y el advenimiento de su orgasmo, al observar fluir sus jugos de su concha abierta y enrojecida por las caricias, me pusieron a mil. Luego nos pusimos en 69 besando nuestras vulvas y sorbiendo nuestros jugos hasta la última gota. Era maravilloso escuchar las expresiones de amor y la entrega total de esa mujer madura sedienta de placer. Yo no quería ser menos, me ofrecía y le daba lo mejor de mí.

Luego nos ingeniamos entrelazando las piernas para poner nuestras vulvas en contacto y comenzar con un juego de vaivén que culminó con un orgasmo conjunto ruidoso entre expresiones de amor y placer. Tenía a mi alcance sus pies y los dedos y sin saber porque no pude evitar la tentación de besarlos y chuparlos uno por uno. Lucía se revolvió de placer al sentir la caricia y con un hilo de voz me expresó. “Como sabías que me enloquece sentir esta cosquilla, soy tu esclava para siempre”. Terminamos abrazadas prometiéndonos vivir y gozar juntas ya que ningún hombre podía separarnos ni darnos el placer que habíamos disfrutado en esa noche inolvidable.

Sammy y Kim

Ayer me llamó Sammy (es la chica que conocí en Creamfields y con la que tuve mi primera experiencia lésbica) para proponerme pasar la tarde con ella en su casa porque iba a estar sola. Al principio le dije que ahora tenia novio y que estábamos muy bien y realmente, aunque la había pasado genial con ella, prefería no repetir la experiencia. Pero Sammy es muy convincente y terminé aceptando ir a su casa. Claro que yo tendré quince años pero no soy ninguna ingenua y sabía que íbamos a terminar cogiendo así que me preparé para una tarde de mucho sexo pero la realidad desbordó mis expectativas, ¡Qué manera de coger! De entrada nomás apenas cerró la puerta me apretó contra la pared y me metió la lengua hasta la garganta mientras me apretaba la conchita, por supuesto yo le devolví la atención buscando el agujero de su culo y metiéndole un dedo bien adentro. Nos desnudamos en la sala de puro calientes que estábamos y cuando llegamos al dormitorio ya estábamos toda mojadas. Sammy trajo un vibrador inmenso, yo nunca había visto uno pero ni me imaginaba que tenían ese tamaño, se me hizo agua la boca mientras lo lubricaba y me anunciaba que era para mi culito, hummm que rico pensé. Me hizo acostar boca arriba y me lo metió despacito, se me pusieron los ojos en blanco ¡Qué delicia! Y cuando estuvo todo adentro lo puso a vibrar, que cosquillitas divinas, me hizo reír pero Sammy ya estaba con la boca metida entre mis piernas y me chupaba el clítoris haciendo mucho ruido: chup, chup, chup, uff, brrrr, chup, chup. Pero eso no iba a ser todo, sentí que me metía dos dedos adentro de la concha y cuando estaban totalmente adentro los abría e intentaba sacarlos, me retorcí de placer, era increíble lo que sentía. Y después los cerraba y los volvía a enterrar hasta el fondo y los abría y los hacía girar o los cerraba en forma de gancho y me apretaba la parte superior de la vagina buscando ese puntito que me vuelve loca cuando me lo tocan y así otra ve y otra vez mientras me chupaba, me lamía y me mordía y yo me refregaba las tetitas y me pellizcaba los pezoncitos. De vez en cuando Sammy apretaba el vibrador para que me vuelva a entrar porque por las contracciones del culo y los orgasmos que me sacudían hacían que se me saliese un poco. Empecé a gritar porque no soportaba tanto goce y Sammy me dejó de chupar y me miraba sonriendo y me decía: “perrita”, “sos una perrita puta y gozadora” y yo le contestaba que si, que era su perrita puta y le pedía: “dame con todo Sammy”, “haceme acabar como a una perrita puta”, “así”, “así”, ¡Ahhhh!, ¡Ahhhhhhhh! Y acabé como lo que soy una perrita putísima y muy gozadora. Después me sacó el vibrador y lo puso entre mis tetitas y se acostó a mi lado y me abrazó y me besaba con la cara toda mojada por mis juguitos ricos mientras la concha me latía fuerte, fuerte. Agarró el vibrador y lo olió y lo lamió: “Tiene el olor de tu culito”, dijo ¿querés probar?, es riquísimo. Y yo le pegué una chupadita y es cierto, es rico y le dábamos una chupadita cada una y después nos besábamos en la boca. “Ahora es mi turno” le dije cuando habíamos descansado, y la hice acostarse boca arriba mientras lubricaba otra vez el vibra. Le metí la puntita y Sammy gimió pero lo dejé ahí para que lo deseé y empezó a jadear y me pidió: “metemelo, se buenita” pero yo la hice desear un poquito más antes de enterrárselo de un golpe. Se arqueó como si le hubiesen dado electricidad, sólo el culo y la nuca tocaban la cama, y gimió ella como una perra ahora y cuando lo puse a vibrar empezó a sollozar mientras decía: “qué divino, qué divino”, pero ni se imaginaba lo que le esperaba. Primero le chupé un poco la concha, más que nada porque me encanta el sabor de su concha que para mojarla porque ya la tenía bien mojada de antes y después junté la punta de mis cuatro dedos de la mano derecha y se los empecé a meter despacito, se quejó un poco pero mi mano es chiquita y entraron bastante fácil. Pero lo que seguía no iba a ser tan fácil, le quería meter la palma de la mano también… y se la metí dejando afuera solamente el pulgar. Sammy gritó y se sacudió e intentó sentarse en la cama pero le puse la mano en el pecho y la hice acostarse otra vez. “Ahora vas a ser vos mi perra” le dije mientras cerraba mis dedos dentro de su concha como formando un puño. Sammy gritaba: “no”, “no”, “eso no”, “me vas a matar” pero yo ya abría la mano y la volvía a cerrar sintiendo los orgasmos de “mi perra” y buscando su punto G para hacerla gozar como ella me había hecho gozar a mi y ahora ya no decía que no, abría la boca muy grande y jadeando decía: “Así”, “asi”, “no pares Kim”, “cogeme chiquita”, “cogeme como vos sabés, perrita puta”. En tanto mi boca chupaba, lamía y mordía y apretaba el clítoris entre los labios y lo chupaba fuerte y lo masticaba suavemente mientras mi mano libre le apretaba los pezones y le masajeaba las tetas y de vez en cuando empujaba el vibra que con las sacudidas que pegaba comenzaba a salirse. Sammy sollozaba y ante cada nuevo orgasmo se retorcía como queriendo escapar pero no se iba a librar tan fácilmente de mi mano ni de mi boca. De pronto descubrí que si apoyaba la palma de la mano contra la pelvis podía apretar los dedos y sentir esa zona rugosa que imagine sería el punto G, probé y Sammy gritó y quiso escapar intentando sentarse pero no podés escapar si te tienen agarrada de la concha, es imposible. Me alegré de mi descubrimiento y me dediqué repetirlo y cada vez que lo hacía gritaba y golpeaba la sábana con las palmas de las manos y los talones. Entonces dejé de chuparla y la empecé a excitar verbalmente: “Sos mi perra puta y te gusta que te coja” decía y la escuchaba gemir y asintiendo repetir: “Si, soy puta, puta, muy puta y me gusta que me cojan como a una perra”. Y yo le contestaba: “Claro que sos puta”, “sos una perra puta, reventada y reputa, pedime que te coja perra puta” y Sammy balbuceaba: “cogéme”, “cogéme” y yo perversa le decía: “¿cómo se pide Sammy?”, “¿cómo pide una niñita educada y reputa como vos?” “Por favor”, “cogeme, por favor Kim”, repetía y yo gozaba torturándola tanto como ella gozaba con la terrible cogida que le estaba dando. “Chupate los pezones ordené” y no tuve que repetir la orden porque se agarró las tetas y metiéndoselas en la boca las chupaba desesperada: Chup, chup, chup. Pero la pobre no estaba preparada para lo que le estaba sucediendo, me había subestimado pensando que era una pendejita pasiva y no se imaginó que le iba a devolver multiplicado por dos o tres lo que ella me había dado a mi. Ahora se daba cuenta que estaba a mi merced se asustó y se puso a llorar, la cadena inacabable de orgasmos y la tortura verbal eran demasiado para ella y lloró, ahora sí como una niñita, y empezó a suplicar: “Basta Kim, basta”, “no puedo más”, “dejame que me siento mal” y me agarraba la muñeca intentando sacarse mi mano de adentro de la concha pero yo apretaba más fuerte y terminaba dándose por vencida. Verdaderamente se debería sentir mal porque estaba muy pálida y se la veía agotada de tanto acabar pero yo estaba cebada: “No”, le dije, “todavía no terminé con vos, quiero que goces como nunca en tu puta vida y que no te olvides más de esta tarde ni de mi” y la seguí pajeando aunque ya me dolía la mano de tanto hacer fuerza, no sé que duende perverso me poseía pero me sentía omnipotente y quería que verdaderamente esa pobre chica no se olvidase más de mi. Pero se puso a llorar cada vez más fuerte y a suplicarme: “Por favor, por favor, dejame Kim, dejame, me voy a morir si sigo acabando, dejame se buenita suplicaba porque ya no tenia fuerzas para intentar escapar. Y no paraba de llorar, y siguió llorando aunque le saqué la mano de la concha y me chupé los dedos mientras arrodillada la miraba llorar. Me pidió que le saque el vibrador y también lo chupé un poquito. “Qué rico que está” dije, “me encanta el sabor de tu culo”. “Dame una chupadita” pidió sollozando y se lo llevé a boca. Chupar el vibra la calmó un poco, entonces me acosté a su lado y la abracé y la besé mojándole la cara con su flujo. Sammy lloró todavía un rato más aunque la tenía abrazada y la besaba, después dijo: “Yo nunca había sentido algo igual, creí que me moría, te juro Kim, hubo un momento que pensé que me estaba muriendo, me faltó el aire y me dolía el pecho pero vos no parabas y yo pensé que si me moría no me importaba porque morir así seria maravilloso, te das cuenta Kim, morir cogiendo… Estuvimos abrazadas un rato largo dándonos besitos y haciéndonos muchos mimitos dulces y después nos levantamos, tuve que ayudarla porque temblaba mucho y se sentía muy floja, y nos bañamos juntas pero Sammy ni me tocó, ya habíamos tenido suficiente, y al despedirnos, todavía temblando y muy pálida, avisó: “Te llamo sí, para encontrarnos otros día” le dije que si, nos dimos un beso y me fui a casa convencida de que Sammy estaba muy asustada y que no me va llamar nunca más, a ella le gusta coger pero no tiene ninguna intención de morir cogiendo.

De vacaciones....

Hace dos meses que me fui de vacaciones con mis amigas, fuimos a un sitio de playa porque nos agrada ese tipo de lugares.

Una vez que llegamos ahí, nos registramos en el hotel y subimos a acomodar nuestras cosas, la habitación no era muy grande pero si lo suficiente para divertirnos.

De inmediato Lety fue al baño a ponerse su bikini rojo que había comprado un día antes del viaje y la verdad precioso cuerpo me dieron ganas de cogérmela ahí. Ella bajó a broncearse en el área de la alberca mientras yo me quedé a terminar de acomodar mis cosas.

Mi otra amiga dijo que iba a hacer unas compras en una tienda cercana y se fue dejándome sola.

Una hora después decidí unirme a Lety, así que fui por mi bikini negro y me lo puse. Una vez que llegué al área de la alberca, me dediqué a buscar a Lety, Cuando la vi estaba platicando con una chica que estaba sentada a un lado de ella, la verdad es que esa mujer no se me hizo muy atractiva pero pareció que a Lety sí, puesto que estaban platicando muy amigablemente.

Llegué a ese lugar y las saludé, ahí supe que Lety ya había ligado y que pensaba irse al cuarto de su nueva amiga para divertirse.
Ahí me quedé mientras ellas se retiraron, me acosté y decidí dormir un rato para broncearme.

A los pocos minutos una dulce voz me despertó, era una hermosa chica que tenía un hermoso cuerpo, aunque cuando la vi pensé que era menor de edad.
Me preguntó si le podía prestar un poco de bronceador puesto que a ella se le había terminado; le cedí mi frasco y se untó un poco en los brazos y hombros. Me hubiera encantado ser yo quien le hubiera ayudado.

Comenzamos a platicar un poco y supe que se llamaba Gabriela y tenía 19 años, había llegado a ese lugar el día anterior y pensaba irse dos días después.
La verdad es que esta pelirroja escultural me había gustado mucho y pensé en la posibilidad de llevármela a la cama para gozar con ella.
Ella pidió una bebida y me preguntó si quería algo de tomar, le contesté que una cerveza (mi bebida alcohólica favorita) y ella pidió un balde con 6 botellas, dijo que ella las pagaba. Ahí estuvimos platicando un buen rato y tomando nuestras cervezas.

Gaby me dijo que se sentía mareada, la cerveza comenzó a hacer efecto y me pidió que la acompañara a su cuarto y accedí a ayudarla.

Fuimos a su cuarto y cuando entramos la acosté en la cama; ella decía que era demasiado lo que había tomado y que se sentía ebria: mi mente tenía otra idea: aprovechar el momento y aunque sea besar esos hermosos labios que ella tenía pero ella fue la que me sorprendió porque sin esperarlo me abrazó por el cuello y me empezó a besar en la mejilla de una forma muy sensual.

Claro que de inmediato comencé a acariciar su espalda mientras me besaba, ella me pedía que la llenara de caricias y eso fue lo que hice: la acosté y acaricié sus piernas, sus brazos, su abdomen, y demás.

Ella se quitó la parte superior del bikini y dejó al descubierto sus senos, los cuales eran mas o menos grandes, pero bellísimos, acerqué mi boca a uno de sus rosados pezones y comencé a besarlos y chuparlos, Gaby gimió y me dijo que le gustaba lo que sentía.

Fui subiendo poco a poco hasta su cuello y a su boca, una vez ahí besé sus labios y metí mi lengua en su boca, sentí la suya y disfruté ese beso como pocos que he recibido o dado.

Le quité el calzón y la tuve desnuda para mí solita, su coño era con vello escaso, pero ya estaba mojada y decidí aprovecharlo.
Separé sus piernas y comencé a chupar su clítoris, Gaby de inmediato gimió y me pidió que la cogiera más y no desobedecí.
Llevé mi lengua de arriba a abajo por su vagina la cual estaba deliciosa, aproveché para meter un dedo en su vagina para acelerarla más y lo conseguí.
Ella se movía muy bien, se acariciaba sus senos y me pedía más, al poco tiempo Gaby tuvo su primer orgasmo, lo que hizo que se le bajara la borrachera que tenía para abrazarme y besarme de nuevo.

Me agradeció el orgasmo ya que no era común para ella tener encuentros sexuales, pero yo le pedí que me hiciera el amor a lo cual ella aceptó.
Me desnudé y separé mis piernas para que ella pudiera disfrutar de mi vagina y de inmediato comenzó a chupármela y muy bien.
Sentía que me volvía loca ya que me imaginaba que era una niña la que me cogía, esto debido a su apariencia de menor de edad; Gaby metió su lengua en mi vagina muy al fondo lo que me hizo gritar de placer.

Le comenté que me encanta que me besen en el culo y le pedí que lo hiciera, me voltee y ella me abrió las nalgas para meterme su lengua, sentí la punta de su lengua en mi agujero y me vine casi al instante, estaba demasiado excitada para poder resistirme a ese orgasmo.
Me acosté boca arriba y le pedí que se subiera para chupar su vagina y ella me hiciera lo mismo, ese 69 fue sensacional porque fue un intercambio de orgasmos constantes. Aproveché y le metí un dedo en el culo mientras le chupaba la vagina y ella me hizo lo mismo.

Al poco tiempo durante la cogida con esta hermosa chica de pelo rojizo, terminamos agotadas y nos abrazamos fuertemente durante un rato Le confesé que ella me gustó desde que la vi y que era lesbiana desde hace tiempo, ella me confió que siempre había tenido la fantasía de estar con una chica pero que en realidad le gustan las vergas y que ya había chupado algunas.

Me dijo que ella no tenía planes para la noche y que deseaba que me quedara con ella durante toda la noche cogiendo. Su simple invitación me hizo calentarme de nuevo. Luego les cuento como nos fue esa noche porque prometía.

Mis primeros pasos como modelo...

Una chica debe enfrentarse al mundo laboral, y decide probar suerte en una agencia de modelos. Conocerá el mundo de las pasarelas al mismo tiempo que descubre el placer que otra mujer puede darle.

Había cumplido 18 años hacía apenas una semana, ya habían terminado mis vacaciones y la etapa de la escuela secundaria formaba parte de un universo al que lamentablemente yo ya no volvería. Pasaba las tardes lamentando que la situación económica en mi hogar no me permitiera emprender estudios universitarios, y me estaba convirtiendo en un estorbo en mi hogar, donde mis padres ya me hacían sentir que debía conseguir un trabajo y aportar dinero a casa o conseguir como alejarme de allí, adquiriendo una independencia para la cual yo no me sentía preparada aún.

Estaba dentro de mis sueños, como en los de casi cualquier chica de mi edad, la meta soñada de llegar a ser modelo. Sentía, sabía que podía lograrlo, que reunía todas las condiciones, pero no tenía idea de como comenzar, de cuál sería el camino para emprender una nueva vida que me librara de la situación tensionante de compartir el mismo techo con una familia que a todas luces tenía mas inteciones de expulsarme que de retenerme.
Ese lunes me levanté temprano, me duché y lavé mi larga y lacia cabellera negra, me maquillé, pinté mis labios de rosa y me puse los lentes de contacto sin aumento, de color gris. Me puse medias de lycra negras y una pollera algo corta de color rojo, que hacía juego con mi remera de escote en “v” de las chicas superpoderosas, puse en mi cartera la hoja de los clasificados que habían sido publicados el día anterior, donde una aviso indicaba “Se busca señorita, 16 – 21 años, que quiera triunfar en las pasarelas. Presentarse con CV y Book Fotográfico en…” ¿Book fotográfico? ¿De donde iba a sacar yo plata para hacerme uno? Eso debía obviarlo. En cuanto al CV… bueno, intenté hacerlo, pero sentí que más me perjudicaría que ayudaría a conseguir que me tomen. Así que iba a presentarme yo, personalmente, con todas mis ganas de triunfar en el mundo de las grandes estrellas que admiraba.
El trayecto en tren se hizo algo pesado. Algunos babosos me decían guarangadas, y aprovechaban los amontonamientos para apoyarse contra mí. ¿Qué podía hacer? Lo primero que me compraría cuando tuviera dinero suficiente sería un tapado que me permitiera vestir provocativamente y no quedar expuesta a esos idiotas.

El lugar quedaba en el centro, y cuando llegué, lejos del mundo de glamour que esperaba encontrar, un edificio de mala muerte se había ubicado en el mismo lugar donde en mi imaginación yo había construido un moderno reducto del mundo fashion. Un portero gordo y mal afeitado me indicó el ascensor que debía tomar, mientras me miraba como si nunca hubiera visto una mujer. ¿Que problema tendrán los hombres que no pueden mirarla a una a los ojos?

Segundo piso, pasillo al fondo, puerta de madera, papel pegado, “agencia de modelos”, “toque timbre”, sigo instrucciones, tacos altos que se acercan con apuro, ojo que no veo pero que me ve, se cierra la mirilla de la puerta, llave que corre, Fin de la Espera.

—Hola ¿venís por el aviso?— rubia y alta, muy rubia, y muy alta, trajecito sastre gris y medias blancas, zapatos de taco aguja, muy aguja; reacciono; despierto. Sigo viva.

—Eh… si… SI.

—Pasa, eres la primera

La oficina era como cualquier oficina. No sé qué diablos esperaba que hubiera pero era seguro es que ese mundo no era el que esperaba. De todas formas, si volvía a mi casa sin dinero, sin trabajo, y sin sueños, las cosas se iban a poner ásperas. Me cachetearon sus palabras

—¿Trajiste el book?

—Este… no. No tengo book

—Ay, ay, ay… que problema. Sin book no podemos hacer nada.— Sentía su mirada que escarbaba en la mía. No era una mirada agresiva, era más bien piadosa, pero escarbaba, y estaba viendo mi vida, o eso sentí. —A menos que hayas trabajado antes como modelo ¿Tienes curriculum?
Si me hubieran dejado irme sin más, sin tener que darle explicaciones, solo dejarme libre, hubiera sido feliz. Ahora me sentía una estúpida, diciéndole un “No, no tengo currículum. Yo nunca trabajé” y esperaba su respuesta, sentía venir su “¿Y para qué mierda viniste?” porque sentía que las dos estábamos pensando lo mismo. Pero ella redobló sus aiaiaes.

—Ay, ay, ay… Bueno, hagamos una cosa. Te voy a hacer una pruebita de casting, y si andas bien, yo te puedo recomendar para una próxima entrevista. ¿Sí?

—Bueno

—Sácate la ropa

Un millón seicientas cuarenta y nueve mil novecientas treinta y siete toneladas de pudor sobre mi espalda. Vista al piso un repaso mental de mi ropa interior. El conjunto de algodón celeste. Gracias, cielo, el único aceptable en mi ropero.

—Qué lindo cuerpo que tienes… ¿Cómo te llamas?

—Mariana

—Mariana… ¿Vos te animarías a hacer un desnudo?

—Eh… no sé… habría que ver.

—Mira, lo único que sé es que se trata de un desnudo artístico para una publicidad. Hay muy buena plata. Pero necesito que te saques la ropa interior también, para ver si es factible que te recomiende.

¿por qué no hacerlo? Era una mujer, no tenía problemas en desnudarme por completo frente a ella. Me saqué el corpiño y la bombacha. Ella me observó detenidamente, dio una vuelta muy despacio alrededor de mi cuerpo, inspeccionándome con ojos inquisidores. Estando detrás mío se me acercó y pasó su brazo por encima de mi hombro.

—¿Sabes? Si tu quieres yo te puedo mandar a un estudio de fotografía, muy profesional, donde te harían un book, y siendo recomendada mía, no te cobrarían nada,— Sentía su mirada sobre mis pechos —y hasta podría recomendarte muy bien para este empleo, si vos me hicieras un pequeño favorcito. Sus dedos pasaron por mi pubis, hundiéndose en mi vello. Cerré los ojos, no podía reaccionar, las piernas me temblaban, me era imposible mostrarme decidida frente a esta mujer que me avasallaba por completo. Sus dedos eran cada vez más osados, en mi clítoris podía sentir la suave presión de su dedo índice, que con gran habilidad me provocaba adicción a sus caricias. Que me suelte. Que no deje de tocarme. ¡Basta, por favor basta! …y que no pare… Su mano era un refugio para todo mi cuerpo, desnudo e indefenso.

Ya no la veía, estaba sumergida en el calor de su mano, cuando sentí sus labios sobre mi pezón derecho. Su humedad en mis pechos, su aliento en mi corazón, y mis tetas que pronto estaban cubiertas de saliva. Me pidió que la ayudara a desvestirse, y yo, claro está, no opuse resistencia; sentía curiosidad por verla desnuda. Fue increíble que sus pechos —mucho más grandes que los míos— estuvieran desnudos frente a mí, pues yo sabía que el permiso para acceder a ellos me era implícitamente concedido, y estaba en mí el deseo de tocarlos y chuparlos. Así lo hice, lentamente, pues cruzaba las puertas de un placer que nunca antes había sospechado que habría de disfrutar. Mis labios y sus labios se fundieron, sus pechos atropellaban los míos, y nuestras manos recorrieron la cintura de la otra. Nos tiramos sobre la alfombra del piso, ella se puso sobre mí y sugirió, sin palabras, que hiciéramos un 69. Su coñito rubio, el primero que veía en mi vida de tan cerca, me llamaba, me invitaba a que lo lamiera, a que le diera el mismo placer que le hubiera dado al mío de haber podido hacerlo, al mismo tiempo que ella me lamía, y me llevaba a un mundo de placer que comenzaba en su boca y terminaba en su coño. Porque sentía el goce al dar y al recibir, me dejé llevar, me fundí en su cuerpo, y las dos llegamos a un orgasmo intenso, a uno solo, que fue el de las dos al mismo tiempo, el que compartimos. Nos abrazamos con fuerza aún en esa posición, temblamos la una contra la otra, por el placer de habernos explorado y habernos guiado la una a la otra al estallido de ese goce.


Me vestí y me fui con su recomendación. Me hicieron el book sin cobrarme, y me dieron el trabajo. Al día de hoy ella maneja mi carrera, y cada tanto volvemos a darnos el placer que nos dimos aquel lejano lunes por la mañana.

El puñal de sus ojos oscuros...

Tenía los ojos tan tristes que cuando miraba herían. Sangraba por dentro y hacia dentro ya estaba marchita. No fue difícil averiguar el motivo de su profundo desasosiego, aunque necesite más tiempo para encontrarle sentido a los momentos previos al desenlace.

Como toda historia entre mujeres comenzó con palabras.

Era miércoles. Once de la noche. Sonó el teléfono. Atendí y cortaron.

Tres horas, veinte minutos después, me despertó una voz opaca y temerosa.

Necesito hablar – . De mi parte, silencio.

Por favor – . Al tono trémulo de su voz le agregó un agudo desahuciado.

¿Quién es?- . Creo que me dormí con el tubo en la mano.

Soy Mara

Equivocado.

No, por favor. Espera un segundo, no me cortes – rogó. -Soy amiga de Dolores, ella me habló de vos-.

Miré el reloj. -Son las dos y veinte de la madrugada- dije. -¿Podés llamar mañana por favor?- agregué molesta.

No tengo tiempo – respondió. Finalmente logró despertarme. Madamme abrió los ojos y maulló.

Tenés una gata… – Instintivamente miré por la ventana. – ¿Cómo sabes que tengo una gata? – ¿Quién sos?-. Había logrado asustarme.

La escuche maullar…

Aquella madrugada, terminó su eterno monólogo y cuando escuchó mi llanto, cortó.

-Mierda… los suicidas son una mierda – pensé. Una tristeza, ajena e infinita, me desveló. Sus palabras retumbaban insistentemente y en cada vez, revelaban un nuevo entramado.

Me habló de amores imposibles, de la mediocridad y del consecuente egoísmo, del abismo inconmensurable al que sentía caer inevitablemente después de cada intento fallido. Fracaso. Esa era la palabra a la que recurría una y otra vez para justificar su decisión. “Porque la decisión esta tomada”, decía. Iba a ser de tarde, pasados los veinte minutos después de las siete. Durante ese “homenaje diario a la melancolía” – en palabras de ella- y que yo compartía.

No intenté convencerla de la belleza por la cual vale el esfuerzo, porque más allá del tono trágico de su confesión, sabía que no exageraba. No existe la exageración cuando la voz nace en el vacío, y la precisión de las imágenes que usaba para ilustrar su dolor, me obligaban a no subestimar lo que sentía. Intenté comprenderla.

Quizás por eso fue que no me costó identificar la incoherencia de este llamado. Porque, querida lectora, quisiera despejar dudas. Yo no soy psicóloga, ni brindo algún tipo de “ayuda espiritual”. Una simple fotógrafa. Eso soy. Mejor dicho, por eso me conocen. Una simple fotógrafa que en sus momentos libres escribe relatos eróticos sin pretensión de literatura. Aunque por esto no me conocen tantos. Por este motivo me era difícil dilucidar por qué esta niña recurría a mi, una desconocida, en un momento tan íntimo como es el último instante. Finalmente opté por preguntarle. Primer error. Lo único que logré fue apurar el llanto desconsolado que se resistía en su garganta. Lloraba como nunca escuche llorar. Sobándose las lagrimas, a gemidos que confundían. Lloraba sin tapujos, sin pudor, de un modo que inevitablemente me contagió. Y una segunda equivocación. Rompí en llanto. – ¡Mara! – había cortado.

Bronca e inmediatamente después, el terror de que cambiase las siete de la tarde por las cuatro de la madrugada. Gracias al identificador de llamadas pude actuar con rapidez. Atendió luego de unos segundos que desafiaron mi percepción del tiempo.

Voy para allá – dije. – Decime dónde vivis -

No quiero, no vengas – respondió.

¡¡¿No quiero?!!, me llamás a las dos de la madrugada, no tengo idea quién sos, me largas todo tu bajón y ahora no querés verme!!??? -. Estaba perdiendo el control.
…quiero ir a tu casa… – dijo en un murmullo al que agregué una tímida sonrisa.

Bastante había pasado de las seis y todavía no había llegado. Nunca me imagine que tardaría tanto. Preparé café que inevitablemente se enfriaría y me recosté en el sofá del living. Madamme fue la única en conciliar el sueño y al despertarla buscando compañía se desperezó, indiferente, haciendo honor a su nombre.

A las siete tocaron el timbre. Abrí la puerta sin preguntar. Quizás la mujer más hermosa que haya tenido frente a mi. Quizás no: seguro. Perdería brillo y ganaría tibieza desnuda en mi sofá. Deslumbrada, parecía que había perdido el habla. Fue ella, consciente de mi desconcierto, la que tomó las riendas de la situación.

- ¿Hacemos café? – me dijo. – Hay hecho, pero se enfrió, lo caliento – . Casi en automático, fui a la cocina, encendí el fuego, y minutos después cargué el termo. Me siguió en todo momento. Me miraba, observándome. Sus movimientos eran torpes, absurdos, desafinados. Sus gestos no llevaban su rostro, ni en su cuerpo se podía entrever algo de la tristeza que había expresado sentir horas antes. Por un momento pense que estaba loca. En breve dejaría de pensar. Mientras servia el café, ella se agachó para levantar algo del suelo, dejando allí, sin preocupación, sus tetas frente a mis ojos. Me sorprendió su descuido pero poco después entendí, que aunque en segundo lugar, por ese motivo había venido.

- Dolores me dijo que eras fotógrafa -. Sonrió, ladeó su cabeza hacia la derecha y clavó sus ojos oscurísimos en los míos. – ¿Puedo ser tu modelo? – propuso.

-No suelo trabajar con modelos, pero si alguna vez necesito una sin dudas te llamaría… – no pude evitar seducirla y eso me incomodó. Rápidamente quise retomar el motivo de este encuentro y agregué, bruscamente – siempre y cuando postergues tu decisión… -. Me sentí una estúpida. Pero no dije más. El cansancio y el sopor que provocaba su perfume me mareaban. Permaneció callada, acariciando con la yema de su dedo la boca de la taza. Jugaba con Madamme, quien refregaba sus bigotes en la palma de su mano y cada tanto, a modo de beso, lamía sus dedos. – Le gustaste- dije, intentando darle la bienvenida. – Una gata nunca miente, y Madamme además, es bastante arisca -. Ignoró mi comentario, tomó uno de los almohadones y se cubrió la cara. Se inclinó hacia la derecha y con una enorme sonrisa, dijo con voz dulce que acentuaba su gesto infantil – ¿Me sacas fotos ahora? -. Y entonces, sobreactuando su belleza, parándose de un solo envión, levantó los brazos y me pidió que le saque el vestido. Tarde unos segundos en reaccionar, pero ya era tarde. Luego de un simple – OK – desanudó el cordón que ceñía la tela a su cintura y en un instante quedó desnuda frente a mi, con sus ojos insistentes fijos en la pared. Ofreciéndose. Tenía los contrastes del mediodía distribuidos cuidadosamente sobre su cuerpo. Pequeñita, de huesos frágiles que se me hicieron las ramas de un sauce arqueadas por el peso de las hojas. Se oponía a su fragilidad la luz intensa de su piel blanca, tersa y vital donde dos cicatrices, seguramente de la infancia, eran los únicos defectos. Sus tetas, anzuelos efectivo de mis pupilas, sin ser perfectas tentaban por la naturalidad con la que su peso les daba forma, mientras que sus pezones, todavía relajados, se distinguían tan sólo por su color purpúreo. Las piernas, apenas abiertas, se ensanchaban brevemente conservando la armonía para unirse en el final en un contraste oscuro y salvaje que resguardaba la guarida.

La sorpresa de su gesto logró asustarme. No se que esperaba de mi, pero no iba a complacerla. – Para, mujer.. ¿qué estás haciendo?. ¡Vestite! -. Un silencio denso que se iría desflecando con su sonrisa. – Sacame unas fotos… algunas nada más- rogó. Se acercó y reafirmando su intención, forzó una pose absurda que logró transformar la tensión en carcajadas mutuas. – Sos ridícula… – “pero insoportablemente hermosa” pensé. – OK, acepto – dije, – pero vestite – No me es fácil concentrarme si estas desnuda… -

Fue un momento mágico. De una tibieza infinita. Exigir que se vistiera transformó la sesión de fotos en la experiencia erótica más intensa que haya vivido. No verla era desearla en retazos. Oculta, el recuerdo de su desnudez fue una obsesión reiterándose hasta lo insoportable. Intentando evitar el peligro llevé el ojo de la cámara hacia sus manos, porque sus dedos largos y cuidados prometían buenos resultados. Continué con su cuello y sus hombros y me equivoque en sus ojos. Sus pupilas, casi imposibles de distinguir, fueron caminos directos hacia el abismo. El intento de actuar su misterio se transformó en un rasgo auténtico, quizás el único hasta ese momento, y la dejó en evidencia. Confirmé entonces que no mentía cuando dijo que su decisión ya estaba tomada. Tuve miedo. Me olvidé de su belleza, me acordé de su desconsuelo. Se dio cuenta. Me abrazó. Tan fuerte que sentí su desesperación. Fue ese el momento en el que me hice trampa y ella lo sintió una conquista. Supo que no podría resistir a sus ojos y supo también que estaba demasiado caliente como para dejarla ir. Las fotos se transformaron en una excusa. Sin corpiño, sus tetas coronadas por dos círculos perfectos y pequeños se traslucían de su vestido claro y dejando caer sus brazos hacia atrás, toda ella se ofrecía a través de su voluptuosidad apenas descubierta. Su sonrisa, segura y firme, me desafiaba a más. Le pedí que se siente y con su silencio me obligó a tocarla. En cuclillas me acerqué a sus piernas y separé sus muslos en el intento de recuperar en una toma la mágica sensualidad que su belleza profesaba. Me recibió el aliento húmedo de su hendidura. El rocío tibio y sabroso del canal se desbordaba embelleciendo sus labios aterciopelados. Carne, fruta y flores. Para saciarme, para refrescarme, para relajar mis sentidos. Hechizada y paralizada a la vez, recosté mi cara sobre su muslo derecho y cerré los ojos. Su olor a mar y el calor refractado de sus arenas me sumieron en un goce profundo y platónico. Fue ella la que subió su vestido hasta la cintura, abrió las piernas un poco más y enredó sus dedos en mi pelo. Manojos de caricias que luego bajaron hasta mi cuello y se detuvieron sobre mis hombros. Giró sobre sus nalgas acercándose aún más rozándome la mejilla con su mata oscura. Temblaba. Era yo la que temblaba. De miedo y excitación. Aún no me animaba a cruzar el cerco. Llevé mi mano a mi entrepierna y comencé a masturbarme. Mi tanga hacia largo rato que estaba mojada y un estallido acuoso ahogó mis dedos cuando reconstruí en mi mente su cuerpo desnudo. “Basta” me dije para mis adentros y quise huir.

Intuyéndolo sujetó mi cabeza con sus muslos como una pinza y me dejó allí, sólo un momento. La viscosidad de sus jugos se impregnó sobre mis pómulos y sentí su ardor regocijándose por su captura. Me sentí su presa. La tomé de las rodillas, liberándome. Y allí la vi. Frente a mi, mi abismo sin límites. Dos compuertas relajadas y abiertas sobresalían en la pelambre, enmarcándolo. Y en el vértice, la punta tentadora de una frutilla madura. Me quedé sin pensamientos y por eso sin dudas. Cuando la última fuerza dejó de resistir, perdí las alternativas y sólo encontré un sentido. La oscuridad tiene el color del misterio y fue el misterio el que me sedujo. Quise contener la marea con mi lengua y sólo logré romper el dique. Se vaciaba sin pudores sobre mi boca. Gemía en susurros. Elevaba su cadera cada vez que mi lengua culminaba su recorrido circular. Permanecí con los ojos abiertos para llenarme de recuerdos los ojos. La tomé de la mano y llevé sus dedos hacia su concha. Comenzó a acariciarse y se penetró de un solo intento. Sacó sus dedos y los puso dentro de mi boca. Los chupé hasta los nudillos y yo, que nunca añoré huéspedes, me imagine un enorme falo con el cual poder sentir el límite del dulce abismo. Quise llevarla hacia mi orilla, cuidarla hasta que recuperase fuerzas. Con las nalgas despegadas del sofá, y las piernas exageradamente abiertas, se presentaba en escena su culo ajustado como los pliegues de una boca al ofrecerse para un beso. Y lo besé. Con la lengua tiesa y en punta fui venciendo su resistencia. La embadurne de saliva, sus pelos me hacían cosquillas en la boca. Mordí la cara interna de sus muslos, cubrí de besos los pliegues que se formaban entre sus labios y las ingles, chupé su concha hasta desbocarme. Pero no quise acabar. Preferí contener mi orgasmo para sostener en lo más alto mi excitación y la de ella. Se dio cuenta que quería esperarla. Fue a su búsqueda con desesperación. Tapó mis ojos con su vulva, abrazando mi nariz con sus labios, untándome, fregando su clítoris sobre mis mejillas, sobre mi mentón, toda mi cara. Y encontró lo que buscaba. Un suspiro de tormenta estremeció la atmósfera y la nutrió de su alegría. Se reía a carcajadas, levantando los brazos en un gesto que se me antojó de triunfo, sin dejar de moverse sobre mi boca. Desfalleció con la sonrisa que le imponía el cuerpo. Era una niña virgen de dolores y tristezas. Renació pronto, sedienta y voraz. Me levantó del suelo y me recostó sobre el sofá.

Quitó la poca ropa que aún cubría mi cuerpo y se concentró en mis tetas. Levantó su pecho apoyándose sobre el respaldo y con precisión de pescador danzaba rítmicamente de izquierda a derecha con sus tetas colgando y con sus dos pezones capturando a los míos. Los tomó entre sus dedos, apagando y encendiendo mis gemidos. Abrió mis piernas con la suya y ofreció su muslo para que buscase con mi concha el regalo que ella tenía pensado para mi. La abrace encerrándola con el nudo de mis pantorrillas. Perdió entonces el equilibrio y llenó mi boca con sus dedos que mordí hasta el dolor. Finalmente, le pedí que bajase hasta mis labios y bastó un único roce de su lengua en el clítoris para estallar en un ardor inconfundible que se expandió apresuradamente buscando la yema de mis dedos, para perderse y dejarme exhausta, con su sabor en mi garganta y mis manos anhelando su piel.

“El paraíso tenía el sabor del mar y la penumbra de la noche”, eso lo pensé después, para epígrafe de una de sus fotos, cuando me levanté a servirle un licor de almendras. Cuando volvieron las dudas. Es que las dudas volvieron rápidamente cuando se quedó dormida con mi remera puesta dentro de mi cama. Y digo, “dentro de mi cama”, porque encontró el tiempo de acomodarse entre las sábanas y cubrirse con el acolchado. El rimel corrido manchó la almohada. – OK – pensé. – Se resolverá más tarde -. Dejé el licor sobre la mesita de luz, y la abracé con fuerza, sin lograr despertarla. Su pelo, negro y muy largo, se quedó enredado entre mis dedos. Y aunque el más tarde llegó, recién ayer, sábado, logré resolver el enigma. Cuando abrí los ojos, a las siete de la tarde del jueves, Mara se había puesto su vestido y sentada frente a mi, me observaba. Madamme ronroneaba sobre sus piernas. Me miraba y sonreía. Había cambiado su ternura de niña por una tibieza maternal. A su lado, la bandeja -mi bandeja- con tostadas, café negro y jugo de naranja.

- Te preparé una merienda, porque pensé que tendrías hambre.

- Gracias… – me senté y se acercó a mi cama. Comí en silencio, intercambiando miradas y alguna que otra frase insulsa. Cuando le pedí que me cuente cómo supo de mi, me habló nuevamente de Dolores y no dijo más. Pedí explicaciones que no dio y finalmente quiso irse. La deje ir. Teníamos nuestros teléfonos y nos llamaríamos. Un encuentro como el nuestro, siempre tiene segunda parte. Pero no. No fue así. Llame al día siguiente, y al otro. Deje mensajes que nadie devolvió. Estaba preocupada pero no tanto como para llamarla a Dolores. La esperé, aunque impaciente, con una seguridad sin motivo.

Ayer sábado sonó el teléfono. Era Dolores. Tenía un mensaje para mi de Mara, su mujer. Me citó en un hospital de Palermo. Mara había tomado pastillas con un fin muy claro. Murió horas después. Esta vez llegué tarde. La encontraron dormida, con siete cartas en la mano. Dos de ellas eran viejos cuentos míos. Dolores no lloraba. Tenía los dientes apretados de bronca. Recordé entonces inevitablemente el motivo de nuestra separación, tres años atrás. Cuando me vio no quiso saludarme.

Vos sabrás que quiso decir, pero me pidió que “la revivas” – dijo sin mirarme.

No tardé en comprender, porque detener el tiempo fue la única vocación que permaneció inalterable a lo largo de mi vida. Me sentí estafada, herida. Un sentimiento extraño e imprevisible que me invadió con sostenida calma hasta desbordarme. Llegué a mi cuarto y la lloré con bronca hasta reconstruir su recuerdo por completo. Me faltaba un único eslabón porque a los otros decidí obviarlos -”Decile que me reviva” – y la quise de pronto, con toda mi alma, viva y a mi lado. Tengo sus fotos desparramadas sobre el sofá que aún guarda su olor: “revivirla”. Esa palabra es mi obsesión como lo fue su cuerpo aquella vez. Finalmente, creo entonces que usted comprenderá por qué, querida lectora, ahora estoy aquí… intentándolo.

En el desván... (3)

Donde, poco antes de llegar los padres de Virginia, esta tiene su último capricho: que su prima le haga una felación, con un pepino como pene, y
poder correrse en su cara utilizando un bote de mayonesa.Las ocho y cuarenta minutos. En una hora, los padres de Virginia llegarían a casa, y fin de la soledad y el amor.

Se habían besado hasta saciarse, de todos los modos y humores posibles. Se habían abrazado hasta temblar de emoción. Habían probado a cumplir sus fantasías. Habían hecho el amor como salvajes, como ángeles, como chicas inocentes, y también como un recién casadas.

Ahora no les quedaban fuerzas para nada más. Una hora y adiós. Simplemente se miraban la una a la otra, tumbadas en el sofá, Estela sobre Virginia, Virginia acariciando tiernamente sus cejas, viviendo sus últimos momentos.

- ¿Ha estado bien, eh? -musitó Virginia.
- Sí… ¿Crees que volveremos a repetirlo?
- Yo qué sé. Qué más quisiera yo…
- Pero dime, ¿tú repetirías?
- Por supuesto. Toda la vida, Estela -dijo, dándole un suave mordisquillo en los labios.
- Oh, qué guapa, qué cosas dices…
- ¡Pero, oye! ¡Al fin y al cabo somos primas! ¡Familiares! Nos volveremos a ver montones de veces más, no hay más remedio. En Navidad, en las cenas familiares, en los cumpleaños de los abuelos, en verano estamos dos meses juntas… Y siempre que nos veamos, intentaremos que nos dejen salir por ahí, y podremos por fin estar solas.
- Vaya, lo pintas muy bien… Ojalá se cumpla.
- Se cumplirá. Te lo prometo -y selló la promesa con un largo beso.

La casa volvió a quedar en total silencio.
Estela miró a su prima con sus claros ojos azules.

- Virgi…
- ¿Sí?
- Apenas nos queda una hora. Hagamos algo. Quiero que cumplas conmigo una última fantasía. ¡Por favor, todavía tienes tiempo! ¡Aprovecha…!
- ¿Qué? ¿Ahora? No sé, tía, estoy muy cansada… Sólo de pensar en que te tienes que ir…

Estela se incorporó y se sentó sobre las piernas de su prima. Se desabrochó la camisa y le mostró sus pechos. Descubrió uno de ellos de la copa del sujetador: grande, redondo, suave. Tan grande era que agachó la cabeza y llegó con la boca a su propio pezón. Hizo succión con fuerza y atrapó su pecho. Sin usar las manos, quedó colgando de su boca. Virginia observó la escena, encendida. Estela siguió succionando un rato, contrayendo hacia adentro las mejillas. Dejó caer el pecho: el pezón estaba húmedo y duro.
Estela sonrió perversa.

- ¿Y eso? ¿Todavía no te inspira? -dijo.
- Qué loquita estás…

Virginia se lanzó sobre aquel pezón. Probó el sabor y la calidez de la saliva de su prima. Le dio golpecitos con su lengua dura, lo lamió en círculos, lo chupó como una bebé de meses, lo mordisqueó y tironeó.

Estela ya gemía.

Virginia descubrió el otro pecho y le dio el mismo trato, hasta que los dos estuvieron entre sus manos, duros, brillantes y con los pezones húmedos y erectos.

- Nunca sabrás cuánto me gustan tus tetas, cabrona…

Virginia se escapó de debajo de Estela, en dirección a la cocina.

- Creo que comienzo a inspirarme. -dijo- ¡Tienes que esperar un poco, con los ojos cerrados!

Estela obedeció. Escuchó los pasos de su prima por la cocina, y luego el ruido del frigorífico abriéndose y de rebuscar entre las cosas. Luego volvió hasta el sofá.

- ¡No puedes abrirlos todavía!

Oyó el sonido de una cremallera abrirse y luego cerrarse, y por fin notó a su prima tumbarse junto a ella en el sofá.

- Ya puedes…

Virginia, apoyada su espalda contra el brazo del sofá, la provocación en su mirada. En su pantalón, un grueso bulto. Estela sonrió, imaginaba lo que su prima quería.

- Si hay una última cosa que me gustaría -dijo con voz lacia- es que me hagas una buena mamada.

Estela miraba aquella entrepierna abultada, mordiéndose el labio inferior.

Virginia hizo un gesto con la mano, invitándola a comenzar. Se tumbó cómodamente en el sofá cuando Estela por fin le bajó la bragueta. Sus finos dedos se introdujeron bajo la tela y palparon. Estela rió a carcajadas, sorprendida. Con mucho cuidado, extrajo aquel pene vegetal: un descomunal pepino.

Estela hizo cosquillas en el extremo de la polla de su prima, haciendo traviesos círculos con la puntita de la lengua. Los círculos la rodearon completamente, la lamió de arriba a abajo. Mientras tanto, la miraba a los ojos, con sus ojos azules e inocentes. Hasta que no estuvo totalmente barnizada de saliva, no se la metió en la boca. Virginia gruñó de satisfacción.

- Eso es… Mmmmh… Chúpamela… Es grande, ¿eh? Mmmmh, qué bien, cariño, tú si que sabes. Uh…

Estela era una felatriz nata. Suavemente, fue introduciéndose el grueso tronco en la boca. Su cabeza fue bajando, bajando, hasta que no pudo entrar más. Las palabras obscenas de su prima la animaban en sus movimientos ascendentes y descendentes. Su boca producía líquidos sonidos de succión.
Sus finos labios, tan jóvenes, se cerraban en torno al enorme pene verde. Su amante, o su víctima, o su cliente, sacudía la cintura para ayudarla.
Cualquiera que hubiera visto la escena habría jurado que realmente allí había una chica de quince años comiéndole la polla a su amiguita, y que ésta estaba continuamente a punto de correrse, a juzgar por su cara y sus lamentos.

- Chúpamela hasta el fondo… Eso es… No, no, no. Por favor, cariño, un poco más dentro… Todo lo que puedas, sé buena… Asíiii…

Sujetó la cabeza de Estela y la empujó, obligándola a tragar un poco más, acompañándola en sus subidas y bajadas. Virginia introdujo una mano bajo los pantalones para acoplarse lo mejor posible el pepino contra su coño. Quería correrse de verdad con la mamada que le estaba dedicando Estela. El efecto fue perfecto y el frotamiento contra el pepino le proporcionó auténtico placer.

- Vamos, pequeña, ahora quiero que te masturbes por mí… Venga, quiero ver esos deditos en acción…

Mientras chupaba, Estela se bajó la falda y las bragas e introdujo dos dedos entre sus labios vaginales. Sus pechos pendulaban alante y atrás. La visión era celestial para Virginia. Hizo un nuevo esfuerzo y consiguió encajarse el pepino dentro de su rajita. Se desabrochó los pantalones y los bajó para facilitar la postura. Ahora la felación era más auténtica que nunca. Cada embestida de la boca de Estela movía el pepino dentro de su carne -ella aun no sabía mucho del tema, pero un poco más adentro, sólo un poco más, y habría perdido la virginidad. Un dedo acariciaba su clítoris.

Otro dedo de su prima, humedecido en sus propios jugos, buscó su ano. Pero ambos cuerpos se revolvían sin parar en el sofá, y no consiguió penetrarlo.
Como una oleada lejana, Virginia sintió llegar sus orgasmos, uno detrás de otro, como cumbres de montañas que viajaban silbando al viento.

- ¡Joder…! ¡Joder! ¡Jooooodeeeeeeer! ¡Me corrooooooo! ¡AAAAAAAAAAHNNNNNNNNNN!

Los orgasmos le llegaron todos juntos, en racimo, incontables. Gritó y botó, penetrada por el pepino, mamada por su prima. Estela aun no había llegado, se masturbaba con empeño. Virginia se retiró. El pepino salió húmedo de entre los labios. Estaba muy bien allí dentro, no se lo sacó. Se puso de pie. De debajo del sofá sacó una sorpresa: un bote de plástico de mayonesa, de los de apretar. Le quitó la tapa. Puso un pie sobre el sofá.

- Mírame… -le ordenó a Estela.

Ésta se sentó, mirando hacia ella. Con una mano se propinaba tremendos retorcimientos a un pezón, con tres dedos de la otra se penetraba, temblorosa, ansiosa por llegar al clímax.

- Y hora… -dijo Virginia- No hay felación sin eyaculación. Quiero correrme en tu cara… Vamos, abre esa boquita…

Estela la abrió. Virginia, se colocó el bote en la cintura, como un segundo pene. Con una parsimonia imposible, comenzó a masturbarlo, pasando las yemas de sus dedos por su suave superficie plástica. Quería el momento exacto, quería eyacular en su cara justo cuando llegara al clímax.Los gemidos de Estela se convirtieron en gritos. Fue la señal.

Mientras su cuerpo adolescente temblaba y se tensaba, víctima de una cadena de orgasmos, su prima apretó el bote. Un chorro de falso esperma amarillento se estrelló contra su mejilla. No acertó en la boca. Su orgasmo aun duraba, así que el pene volvió a ser estrujado y a eyacular. La boca se llenó de líquido pastoso, tragó con ansia. Mientras el orgasmo se disipaba como un vapor etílico, su prima sujetó su carita y colocó el bote sobre sus labios.

- Venga, una última corrida más… Quiero ver como te tragas todo mi semen.

Allá voy…
Con un último apretón, se corrió. No había escapatoria. La boca se inundó de semen hasta colmarse y correr por sus labios, barbilla y cuello abajo.

- ¡Traga! ¡Tragaaa!
Estela se portó: tragó todo lo que pudo, gruñendo por el esfuerzo. Tragó, se relamió y se rebañó con los dedos, hasta que no quedó apenas nada.

Despedida

Los padres de Virginia ayudaban a su sobrina a cargar el macuto en el autobús. Le dieron un par de besos de despedida y la invitaron a volver cuando quisiera. Ella les prometió hacerlo. Le dieron recuerdos para su padre y una bandeja con empanadillas que había hecho la madre de Virginia.
Estela subió al autobús. Virginia dudó un momento, pero finalmente corrió y subió al vehículo dispuesta a darle una última despedida. La encontró ya sentada junto a una ventanilla.

- A partir de hoy -le susurró al oído-, cada vez que vaya al médico, pensaré en ti.
- Y yo -contestó Estela en el mismo tono-, me acordaré de ti cada vez que me eche mayonesa en la comida. Y creo que a partir de hoy eso va a ser muy a menudo.
- Te quiero…
- Te quiero, Virgi…

Estela echó un vistazo al exterior del autobús: sus tíos ya se alejaban y no estaban mirando.

Abrazó a su prima y la besó profundamente, en medio del autobús. Un montón de ojos, que no conocía y que no le importaban ya lo más mínimo, las examinaron de arriba abajo, mientras duró el beso, y mientras acabó el beso en una mirada, y mientras una de las bolleras salía del autobús, y la otra bollera, vete tú a saber qué educación había recibido para salir así y qué enfermedades tendría, seguro que el SIDA, se sentaba tan pancha en su asiento, como si nunca hubiera hecho nada malo.